Si la confianza ciudadana fuera una moneda de curso legal, los políticos españoles tendrían sus cuentas en números rojos. Y, desde luego, el que el Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) haya echado abajo las restricciones de movilidad impuestas por el Gobierno central a esa comunidad, no ha ayudado en absoluto a que cambiemos de opinión al respecto.
Es posible incluso que la caótica deriva de las diferentes administraciones en lo que se refiere a las medidas que adoptan para enfrentarse -o confundir- al coronavirus, sí sirvan a la Iglesia Católica para ganar fieles en un momento en el que los ciudadanos de a pie nos encomendamos a todos los santos que conocemos cada vez que en la tele aparece un político amenazando con nuevas iniciativas “anti-covid”, que siempre son más restricciones y prohibiciones.
Lo peor es cuando dicen aquello de que todo lo hacen para proteger la salud de los españoles. Eso anuncia tragedia.
No obstante y a pesar de que el razonamiento jurídico del TSJM me parece intachable por obvio, lo cierto es que la resolución llega en un momento bastante inoportuno para el resto de España.
Teniendo en cuenta el preocupante nivel de propagación del virus, lo de levantar las limitaciones al movimiento a los madrileños un día antes de un puente y confiar a su responsabilidad individual lo de que no se desparramen alegremente por todo el país, desparramando también con ellos los contagios, resulta, como poco, arriesgado..
Sin ánimo de molestar, y también sin olvidar que tengo buenos amigos en Madrid, hay que reconocer que, por alguna razón que siempre he ignorado, un impresionante tanto por ciento de la gente que vive allí parece hacerlo solo para poder irse en cuanto tienen oportunidad.
Viví un buen número de años en Madrid, y siempre recuerdo que los mejores días eran precisamente aquellos en los que todo el mundo salía en estampida por fiestas y vacaciones. La ciudad se quedaba para mí y unos cuantos más. Un auténtico lujo.
En fin, pero cada uno es como es.
Lo cierto es que, en lo que a nosotros respecta, Marbella ha vivido un verano aciago con un impresionante nivel de contagios por covid debido, precisamente, al turismo y a la enorme movilidad que conlleva. Solo ahora, en los últimos días, hemos empezado a ver descender, muy lentamente, el número de positivos.
Si en el puente de este fin de semana, reincidimos en el mismo error, la tendencia del brote volverá a cambiar de sentido en menos de diez días a contar desde el próximo martes.
El que tanto el Ayuntamiento como la Junta vuelvan a repetir la jugada de mirar hacia otro lado como tratamiento para superar la pandemia, no funcionará.
En esta ocasión, un nuevo brote importado puede fácilmente coincidir con los primeros casos de la temporada de gripe. Si eso sucede, las cosas pueden complicarse mucho y este puente festivo, al igual que nos ha pasado con el verano, volverá a salirnos carísimo a todos.
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