Muchos ciudadanos contemplamos sin sorpresa y con la misma desesperanza de siempre el conflicto político que mantienen el Gobierno de Pedro Sánchez y la Comunidad de Madrid utilizando como coartada esta segunda oleada de contagios por el covid-19.
Sí sorprende no obstante, ante el nefasto papelón que están haciendo los partidos políticos al seguir enfrascados en sus estupideces ideológicas mientras hay gente muriendo, que aún aparezcan cargos institucionales, e incluso profesionales de la sanidad, preguntándose cómo es posible que la gente no se tome en serio esto de la pandemia y siga incumpliendo las restricciones impuestas.
La respuesta es tan obvia que resultan ridículas hasta las campañas realizadas por los grandes medios de comunicación para convencernos de que, en este modelo orwelliano, todo se hace por nuestro bien.
Evidentemente, la desobediencia ciudadana sigue creciendo, e irá a más, porque la gente no cree.
Y no me refiero a que todos pertenezcan a esa nueva categoría de blasfemos "negacionistas" que van camino de convertirse en los próximos en arder en la hoguera de la corrección política, sino de que las continuas contradicciones, cambios de criterio, errores y la evidente muestra de que los dirigentes políticos institucionales no saben qué hacer con la pandemia, empujan a cada vez más borregos a levantar la cabeza por encima del rebaño. Y eso, como siempre sucede, lleva a las reses disidentes a preguntarse por qué han de seguir a un pastor que las conduce al matadero. La actividad agropecuaria es así.
Es obvio que, en esto del coronavirus, nuestros políticos mienten. Y si me preguntan cuáles, les responderé, sin dudarlo, todos. Unos por acción y la mayoría por omisión, como colaboradores necesarios en ese iter criminis por el que se está dejando morir a la gente mientras los dirigentes continúan enfrascados en sus particulares conflictos para hacerse con el poder, con todo o con porciones de él.
Nosotros, los que somos rebaño, ajenos a las ambiciones de nuestros mediocres representantes, también tenemos el privilegio de poder pensar utilizando el sentido común y el instinto de supervivencia: Movilidad implica propagación del virus, pero reducir esa movilidad supone necesariamente aumentar las pérdidas económicas.
El equilibrio que busca la presidenta autonómica Díaz Ayuso no es posible en una urbe con tanta población concentrada como Madrid.
La única forma de salir de ese bucle es una vacuna o un tratamiento. Para llegar a ese punto y tras ver cómo China ha superado “milagrosamente” la pandemia, lo más rápido habría sido pedirle al Gobierno de Pekín que nos cuente la verdad.
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