“No hay mal que por bien no venga” y el coronavirus no va a ser la excepción. Sabemos que la movilidad multiplica los contagios, lo que obliga incluso a los ejércitos, milicias, guerrillas y hasta a los grupos terroristas a reducir su actividad, reduciendo, también e inevitablemente, la beligerancia mundial.
La intensidad de los diferentes conflictos y guerras en curso ha ido menguando hasta dejar a muchos de ellos en stand by. La guerra en Siria, que fue el pan de cada día en 2019, ahora no existe para los medios de comunicación y aunque es cierto que eso no significa nada, también lo es que los enfrentamientos se han reducido al mínimo necesario para mantener las posiciones conquistadas hasta que comenzó la pandemia. El covid-19 ha impuesto en la mayoría de los escenarios bélicos una "tregua fáctica" que ha limitado la actividad bélica a mantener el statu quo de cada contendiente.
Incluso el problema migratorio provocado por los diferentes conflictos en todo el mundo se ha reducido sustancialmente desde que apareció el coronavirus y obligó a la Humanidad a no moverse de su sitio.
Libia es, de hecho, de los pocos lugares donde continúan con enfrentamientos significativos y, aun así, poco relevantes si atendemos a la intensidad de los que se producían antes del covid.
Las actividades de las tropas norteamericanas, que son los más belicosos del barrio, se han reducido tanto en todos los escenarios internacionales que Irak o Afganistán aparecen en los telediarios más por el nivel de contagios que por las operaciones militares.
Es cierto que los estadounidenses para eso son muy suyos y una cosa es que te maten a un soldado en combate y otra que pille el coronavirus en un país de a tomar por culo, algo que resulta tan poco heroico como imperdonable para el ciudadano. Sobre todo en año de elecciones.
Los rusos, sin embargo, están más activos, principalmente en sus guerras secretas y en operaciones encubiertas. Se dedican, primero, a proteger a los países fronterizos que le sirven de air bag ante las constantes operaciones subversivas que les montamos desde Occidente y, en segundo lugar, a envenenar a los opositores. También es cierto que a Putin le importa un rábano el número de bajas propias y, desde luego, un soldado muerto no pesa igual siendo ruso que norteamericano.
La conclusión es que, paradójicamente, el covid-19 está contribuyendo a la paz mundial. Lo que a su vez nos obliga a plantearnos si lo de las prisas con la vacuna es tan buena idea.
Está claro que, tan pronto logremos vencer al coronavirus y evitar que nos mate, volveremos a matarnos entre nosotros con los medios tradicionales.
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