Al igual que la mayor parte de los españoles que los padecemos, cuando veo a los banqueros contentos con el Gobierno, tengo claro que, de una forma u otra, nos va a tocar pagar a los pringados de la nación, que somos una mayoría cada vez más amplia.
Por eso escuché con atención y preocupación las alabanzas de la presidenta del Santander, Ana Patricia Botín, hacia las decisiones que está adoptando Pedro Sánchez para combatir económicamente la crisis del covid, mientras el resto de los ciudadanos no dejamos de rogarle a la Virgen de Lourdes, aunque no seamos creyentes.
Y aún fue más preocupante ver que en el mismo foro, un pleno de la Cámara de Comercio de España, en que lo hizo ayer Botín, también Carlos Torres, su homólogo del otro banco que se reparte el bacalao del poder en España, el BBVA, aplaudía lo bien que lo estaban haciendo las entidades para que el dinero público que se está destinando a los sectores económicos más afectados por la pandemia llegara a sus destinatarios de modo rápido y eficaz.
Obviamente, hay muchos cientos de miles de autónomos y de pymes en este país que no estarían en absoluto de acuerdo con la visión del mundo que esta oligarquía privilegiada tiene desde la barrera.
Ambos banqueros, además, animaban al Gobierno “progresista” de Sánchez e Iglesias a que toda la pasta que se está invirtiendo para paliar la crisis, también la que viene de Europa, pasara por sus manos antes de llegar a aquellos a los que debería ir realmente destinada. En definitiva, volver a poner al zorro a cuidar del gallinero, como ya se hizo en la crisis de 2008 y con el rescate a la banca que hemos pagado con los impuestos de todos los pringados del país.
Personalmente creo que resultaría bastante más útil lanzar billetes de 500 desde aviones para así lograr un triple objetivo: que al menos algo de todo ese dinero llegue a la gente a la que de verdad va destinada; ayudar económicamente a las aerolíneas comerciales alquilándole los aviones para lanzar el dinero desde el aire y, tercer y más importante objetivo, joder a la parasitaria banca y hacer todo lo posible para evitar que siga empobreciendo a los españoles.
Es poco probable que el Gobierno adopte mi brillante idea. Menos aún cuando hoy se ha anunciado la última jugada de este gran cáncer que tiene todo Occidente que son los bancos: la fusión de CaixaBank y Bankia, que sin duda se traducirá en cierre de sucursales, despidos y en que no recuperemos los 20.000 millones invertidos por el Gobierno en Bankia. Además de aumentar exponencialmente el índice de riesgo sistémico al seguir cometiendo el error de concentrar cada vez más poder económico y financiero en menos manos.
Como la mayoría de los ciudadanos, si voto, suelo hacerlo a la opción que considero menos mala, o a aquella que pueda tener oportunidad de fastidiar el actual reparto de poder. Me da igual de qué ideología sea, si puede montar un pollo, me vale.
Aunque sí tengo claro que cuando por primera vez vea a la banca preocupada por algún candidato, también será la primera vez que no votaré desde la desesperanza.
De cualquier forma, la idea de los aviones era buena.
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