O por falta de imaginación o porque realmente creen que el discurso político de hace 50 años sigue funcionando en el siglo XXI, nuestros oligarcas mantienen, incluso ante la trágica realidad del covid-19, el ridículo formato propio de república bananera que prohíbe transmitir al ciudadano la más mínima impresión de que no todo va bien.
Nuestros gobernantes, todos, desde el alcalde del pueblo más despoblado hasta el presidente del Gobierno, han convertido aquel “España va bien” de José María Aznar en el principal dogma de esta religión que postula, como principio básico, el acierto incuestionable de la clase política en todas las decisiones que adopte.
No se trata de una cuestión táctica. Aceptar el carismático liderazgo de gente mediocre siempre ha sido una cuestión de fe, de creer porque sí. Romper ese voto de ciega lealtad conlleva condena a marginación y ostracismo para los del propio partido, como bien saben Susana Díaz o Cayetana Álvarez de Toledo; mientras que para los ciudadanos implica ser señalados como cualquier cosa que acabe en “fobo” o bien, caso del coronavirus, ser sentenciado como “negacionista”.
Por eso, cuando tras el apresurado desconfinamiento con idea de salvar la insalvable temporada veraniega, todas las administraciones vendían aquellas chorradas de las “playas seguras”, lo del turismo “con total garantía sanitaria” o los locales con sello “anticovid”, nadie podía cuestionar el dogma de que haciendo turismo en España no se pillaba el virus. De dudar de esa certeza que, obviamente, era una idiotez, podías ser señalado como traidor a los intereses económicos comunitarios.
Incluso aquí, en Marbella, con un disparatado índice de contagios a nivel autonómico, se seguía con el decimonónico discurso oficial de lo perfecta que era nuestra pequeña república bananera.
Ahora recogemos el resultado de esa movilidad turística, “con total garantía”, en forma de cientos de rebrotes desbocados por todo el país, que nos conducirán a nuevos confinamientos tan pronto como los mismos políticos vuelvan a cometer la nueva estupidez que ya tienen prevista: la vuelta al cole, también con “total garantía” y “con total seguridad”, como la que se han llevado a caso los miles de turistas infectados.
Todos sabemos que, con el nuevo curso, los contagios se van a disparar con los niños como portadores del virus, y todos sabemos que los colegios se irán cerrando y abriendo al ritmo que marque la trasmisión del virus.
Es cierto que las decisiones que han de tomar los políticos en relación con la pandemia no son fáciles. Solo hay dos opciones: ruina sanitaria o ruina económica, y encontrar el equilibrio es realmente complejo. Ninguna de esas decisiones otorga la “total garantía” que pretende vender con su anticuado discurso la clase política.
Lo ridículo es que insista en tratar al ciudadano como a un idiota al que no conviene decir la verdad por temor a que se percate de que en esta república bananera ni el carismático y amado líder tiene todas las respuestas.
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