Es sorprendente hasta qué punto nos hemos convertido en un país de mamarrachos. En otro sitio, que fuera menos políticamente correcto y más libre, lo calificaría de otro modo, pero con la piara de meapilas que nos gobierna, temo que me procesen por homófobo. No obstante resulta inevitable reconocer que lo del fingido autoexilio del rey emérito es de auténticos payasos.
Igualmente sorprendente es la total ausencia de libertad de prensa y opinión que arrastramos desde la época de Franco. Cierto es que, cuando la oprobiosa dictadura, la censura era sobre cualquier cosa que pudiera perjudicar al régimen. Hoy, a tres de agosto de 2020, también.
Como ya he dicho en ocasiones anteriores, lo del rey Juan Carlos revela con absoluta claridad que las instituciones españolas, comenzando por las democráticamente elegidas, son estructural y esencialmente corruptas.
El hecho de que a estas alturas, cuando todos sabíamos desde los ochenta que el hoy rey emérito no tuvo jamás un comportamiento ejemplar, vengamos a flagelarnos por lo que nunca nos atrevimos a publicar ni a denunciar, convierte a regímenes despóticos bananeros en auténticas escuelas de democracia.
Y lo mejor de esta ridícula pantomima del autoexilio de Juan Carlos es que todos somos conscientes de que no hay nada nuevo en lo que ya conocíamos. Sabemos, al menos los que estamos en esta farsa de los medios de comunicación, que estaba cantado que el rey emérito iba a ser presionado para que se largara del país.
Si bien, como buenos mamarrachos que somos, lo ponemos todo patas arriba para que todo siga igual. Por eso, los que nos dedicamos a intentar informar, mantenemos totalmente activo nuestro sistema de autocensura, para que nada salpique al actual rey, del que tenemos que aceptar, como si de un auto de fe se tratara, que no sabía nada sobre lo que hacía el padre. En definitiva, otro que se enteró por la prensa.
Lo único preocupante de querer creerse tamaña majadería es que obliga a preguntarnos si Felipe VI, habida cuenta de que fue prácticamente el único de este país que no vio nada durante casi cuarenta años, es la persona adecuada para detentar la Jefatura del Estado.
Extrañamente hay una verdad que los españoles nos negamos a admitir y es la de que, como ya he dicho en anteriores ocasiones, el rey siempre ha ido desnudo. Y que nuestro sistema político, económico y financiero está corrupto hasta la médula.
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