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Por Fin
Por Fin
Jueves, 30 de Julio de 2020
Por Fernando Madariaga

Con esto de la pandemia son pocos los que tienen tiempo y ganas de informarse de qué más está pasando en el mundo y, en consecuencia, el momento se ha convertido en la ocasión ideal para que pasen cosas sin que casi nadie se entere y, sobre todo, sin que demasiada gente haga preguntas. Aún menos cuando el asunto no se encuentra siquiera en nuestro planeta sino en el espacio.

Porque la obsesión por Marte que ha embargado en los últimos años a aquellos países con capacidad para tener un programa espacial, sorprende tanto por su celeridad como por su intensidad. Sobre todo en estos momentos, en los que parece más lógico destinar todo el dinero posible a los problemas que ya tenemos en la Tierra, en lugar de dedicar presupuestos milmillonarios para crearnos algunos nuevos en otro planeta.

Y en esta sorprendente carrera, sospechosa en realidad, no están solo norteamericanos y rusos, como es habitual. Chinos, europeos y hasta el mundo árabe participan enviando a toda prisas sondas, satélites y vehículos no tripulados a ese lejano mundo buscando vestigios de lo que hace miles de años pudo ser vida.

Si aplicamos el sentido común, parece lógico pensar que esa precipitada carrera por saber si Marte fue habitable y si podría volver a serlo, puede indicar que esas agencias espaciales, y sus gobiernos, saben algo que la mayor parte de la Humanidad ignora.

La carrera para que los rovers recojan muestras que contengan indicios de vida, que se acumulan sobre la superficie marciana a la espera de que, en un futuro próximo, una nave las recoja y las traiga a la Tierra, hace sospechar que nuestro planeta tiene fecha de caducidad. Que la degradación de la Tierra y de su atmósfera es ya irreversible, pero reconocerlo supondría acabar con la sociedad en la que vivimos hoy. De hecho, significaría el final de esta civilización, que no de la civilización.

Ignoro si tienen razón aquellos que sitúan la supervivencia de nuestro planeta en poco más de 100 años, ni si en ese plazo tendremos ya humanos nacidos en Marte, marcianos aunque suene mal, aunque a más corto plazo, lo de traernos muestras extraterrestres a la Tierra sin saber qué es lo que podemos estar introduciendo tras nuestras propias líneas, me parece imprudente.

Suena de ciencia ficción. También lo era hasta hace unos meses pensar en una pandemia planetaria.


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