Es cierto que mi endémico pesimismo suele empujarme a pensar que, de todas las alternativas posibles ante cualquier situación, generalmente se cumple la fatídica ley de Murphy que dice que la tostada siempre cae al suelo por el lado de la mantequilla.
Por esta razón, cuando me pongo a hacer balance sobre las diferentes circunstancias que rodean a este precipitado proceso de desescalada tras el confinamiento, termino concluyendo que, por inapelable estadística, lo más probable es que, en lo que se refiere a la Costa del Sol, pringuemos con nuevos rebrotes de infecciones que pueden terminar provocando perjuicios mucho mayores que los que se pretenden evitar.
La libre circulación por todo el territorio nacional tratando de mirar hacia otro lado ante la evidencia de que los contagios están muy concentrados en poco núcleos, principalmente Madrid y Barcelona, parece, cuando menos, imprudente.
Las estúpidas referencias a una creciente “madrileño o barcelonofobia” no ocultan el hecho de que, si se disparan de nuevo los contagios, los perjudicados seremos todos.
De hecho, ya estamos asistiendo a los primeros rebrotes cuando solo acabamos de estrenar la “normalidad”.
Ni que decir tiene que ir aún más allá, abriendo las fronteras dentro de la UE a pesar de la situación sanitaria en Reino Unido y de los sustos que están padeciendo los vecinos alemanes, es tan buen negocio como hacerle un seguro de vida a un yihadista.
Las medidas sanitarias establecidas en los aeropuertos son, sobre todo, puro marketing, al igual que la mayoría de las que son obligatorias en muchos negocios, y sirven, principalmente, para tranquilizar nuestros temores con un efecto placebo.
El constante chorro de la inmigración ilegal desde el vecino Marruecos o la sandez de dar luz verde a la Operación Paso del Estrecho, tanto de ida como de vuelta, no es otra cosa que concederle un pasaporte europeo al Covid-19.
Aderecemos ahora esta ecuación con medidas tan irracionales como la que ha puesto en marcha el Ayuntamiento de Marbella, de ampliar el cierre de los locales una hora, hasta las cuatro de la mañana en fin de semana, y sumémosle todos los ejemplos que vemos de las concentraciones que ya se están produciendo, para así concluir que resulta complicado que nuestras administraciones le faciliten más el trabajo al coronavirus.
Es obvio que gobiernos y muchos gobernados solo tienen ojos ahora mismo para la economía. Y es seguro que muchos, ante la alternativa de la quiebra o el desempleo, han preferido apostar contra la banca esperando que la tostada, esta vez, no caiga al suelo por el lado de la mantequilla.Y eso, no suele pasar. Aunque espero equivocarme.
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