No sé si es buena idea que la Junta de Andalucía se haya ofrecido para que seamos de los primeros en salir de las trincheras y comenzar la famosa desescalada atendiendo al menor índice de propagación del virus en esta autonomía.
La angustia económica parece ser lo que está empujando al Gobierno andaluz a comenzar a la carrera esa vuelta a la normalidad. Probablemente con la vista puesta en la temporada turística de la que todavía se espera poder salvar algo.
Personalmente creo que no va a ser así.
Según el criterio de los expertos en la materia, la menor incidencia del virus en Andalucía se debe a una mayor dispersión de la población y a que en el sur hace más calor, aunque esto último no pueden confirmarlo.
Lo cierto es que las mayores concentraciones de contagios se han producido en las grandes ciudades andaluzas.
No obstante, lo de poder llegar a precipitarnos en esa desescalada, arriesgando la suerte que estamos teniendo hasta el momento, no tiene demasiado sentido si nuestra principal industria, que es el turismo, sigue de cuarentena.
En un entorno de fronteras cerradas y en el que, con toda seguridad, se limitarán los movimientos dentro del territorio nacional de acuerdo con la evolución de la pandemia, apresurarnos pensando en comenzar la recuperación económica resulta algo ficticio.
Todos sabemos que del turismo internacional nos podemos olvidar hasta noviembre o diciembre. En cuanto al objetivo de recuperar al menos al visitante nacional y más cercano, resulta bastante improbable así como cuestionable la relevancia económica que pueda llegar a tener.
Primero por esa limitación de movimientos dentro de España; segundo por la también limitada capacidad para gastar en ocio tras dos meses, como mínimo, sin ingresos. Y, en tercer lugar, porque para irte de vacaciones rodeado de mamparas, con aforos más que limitados, a dos metros del humano más próximo en playas y locales de hostelería, con guantes, mascarilla y líquido desinfectante como equipaje, mejor nos quedamos en casa.
Es comprensible que el sector esté buscando alternativas para crear un turismo poscoronavirus, pero es muy poco probable que ese modelo, atendiendo al precio de alquiler del metro cuadrado en las zonas turísticas, resulte económicamente viable para el profesional, y aún es menos probable que esa forma de hacer turismo pueda atraer a nadie.
En esas circunstancias, resulta más lógico hacer la desescalada sin prisas y esperar primero a ver el resultado de la experiencia en los territorios insulares que son, por su aislamiento, los ideales para empezar a hacer experimentos.
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