Por desconfianza hacia su veracidad, siempre he sido bastante escéptico hacia la supuesta espontaneidad de la mayoría de las iniciativas populares, por eso, desde que apareció, he considerado artificial esa solidaridad prefabricada con la que tanto nos machacan todos los grandes medios de comunicación.
Los "telediarios" dedican la mitad de su tiempo a repetir la atropellada información que les pasa el Gobierno, y la otra mitad de la emisión la han convertido en una especie de versión coronavirus de “La casa de la pradera”, a base de mensajes buenistas de unidad, amor y de solidaridad enlatada que van más allá de la que es su función como informadores.
No es ninguna novedad que esos mismos informadores nos digan lo que debemos pensar, lo que me jode es que luego se rasguen las vestiduras por la objetividad, veracidad, independencia y sandeces similares.
Es cierto que, quizá por saturación, siempre he sido enemigo de los “gestos”, principalmente porque normalmente se agotan ahí.
El precio de las gambas lo demuestra.
Hace unos días vi, precisamente en un "telediario", a unos pescadores en la lonja quejándose de que, con el cierre de la restauración, están vendiendo el marisco a la mitad o menos de su precio. El quilo de gambas, contaban, había pasado de entre 13 y 15 euros a 5 y poco, aunque aclararon que el consumidor apenas lo iba a notar en el precio que paga. Así me lo confirmó mi pescadera al día siguiente.
La misma historia puedo contarles, y muchos lo habrán visto también en la tele, de verduras, frutas, hortalizas y de las carnes, especialmente al parecer del cordero y el cochinillo.
Yo sigo pagando lo mismo que siempre, incluyendo la subida propia de las vacaciones de la Semana Santa que no hemos tenido.
No hace falta que les hable de los precios de las gasolinas a pesar de la caída del precio del barril, sobre todo del gasoil de transporte, vital en estos momentos. Ni de suministros también vitales como la electricidad o el agua, empresas muchimillonarias de las que Pedro Sánchez solo ha conseguido que retrasen el cobro sin cortar el suministro. O de la arrogante banca española, que está convirtiendo los créditos garantizados por el Estado en otro lucrativo producto propio que endeudará aún más a pymes y autónomos.
Todas ellas medidas que solo suponen agrandar la bola de nieve de la deuda que la mayoría de las familias españolas se encontrarán cuando termine el estado de alarma.
Del pelotazo con algunos productos sanitarios vitales en estos momentos, ni hablamos.
Por eso no me sirven ni los balcones ni los aplausos, ni los videos de críos ofreciendo ánimos a pesar de la mierda de mundo que les vamos a dejar.
Me sirve un Gobierno que gobierne y una oposición que haga su trabajo, y no tenemos ni lo uno ni lo otro.
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