Desde luego, uno de los pocos pecados que no he cometido es el de tener simpatía hacia Pedro Sánchez, sin embargo admito que en la intervención de hoy he visto, por primera vez, al presidente del Gobierno. Lamento que los partidos de la oposición sigan sin estar a la altura de las circunstancias.
Es también cierto que en la intervención de Sánchez anunciando otra prórroga del confinamiento, en la que ha exigido nuevos sacrificios a los más débiles, el presidente ha excluido con su silencio a los más poderosos.
Parece que los bancos, las empresas del Ibex y los fondos buitre que llevan dos décadas sembrado de pobreza este país, siguen siendo los grandes privilegiados. Además de con la ya tradicional impunidad, ahora parecen contar también con la inmunidad frente a esta contagiosa crisis del coronavirus.
Se ha echado de menos, mucho, que el presidente del Gobierno no haya exigido a los más poderosos un esfuerzo acorde a su capacidad para hacer frente, sobre todo, a la reconstrucción.
Porque nosotros, los pringados, estamos cumpliendo con nuestra parte de encarcelamiento voluntario, pero es indudable que cuando llegue esa segunda fase, la de reactivación, necesitaremos de los recursos de los que dispone esa ínfima y privilegiada minoría que sigue marcando los pasos del Gobierno.
La caída está siendo demasiado acusada para que los protagonistas económicos y financieros de este país sigan creyendo que van a poder mantener el sistema de esperar a que la vaca vuelva a dar leche para seguir ordeñándola gratis.
Quizá, como ha dicho el presidente, sea el momento de cambiar las reglas del juego para no volver a repetir los errores que nos han llevado a donde estamos hoy.
Por muy poderoso que sea un banco, un fondo buitre o una empresa eléctrica de las privatizadas, sacan sus beneficios del circuito económico que la gente hace funcionar. El planeta va a seguir siendo redondo tras el Covid-19.
Y, también a rasgos generales, añadir que el papel que están haciendo los partidos de la oposición ni tan siquiera se acerca a ser lamentable. No es el momento de pedir responsabilidades, dimisiones ni estupideces como las de Vox, reclamando un nuevo gobierno.
Fuera de lugar, totalmente, Santiago Abascal al no cogerle el teléfono a Sánchez cuando le ha llamado. Una grosería innecesaria a la que el líder de Vox no tiene derecho. En esta situación, el patriotismo se demuestra de una sola forma y las posturas de salvapatrias rancio no sacan a gente de las UCIs ni evita los contagios.
Finalmente, lo de levantar algunas de las medidas del estado de alarma para sacar de la "hibernación" a la economía nacional tras la Semana Santa, es un error. Permitir que parte de la población vuelva a la actividad para evitar el colapso económico provocará un aumento de los contagios, una vuelta atrás que dará al traste con los esfuerzos que llevamos haciendo desde hace veinte días.
A estas alturas, la economía española partirá igualmente de cero y la recesión está garantizada, relajar las medidas de confinamiento antes de tiempo es justamente ir en contra de lo que el mismo Pedro Sánchez está pidiendo a la ciudadanía.
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