No he estado espabilao en esto de las primarias del PSOE. De haberme dado cuenta antes en el follón que tienen, me podía haber presentado y a lo mejor daba la sorpresa.
Porque ayer me estuve fijando en la forma de hablar en público de los candidatos y eso sé hacerlo yo. Es más, hasta he estado pensando un discurso que aunara las características de los tres como vía para lograr la que habría sido una sonada victoria.
Empezaría arengando a las masas con la corrección política blandita de Pedro Sánchez, invocando a “compañeros y compañeras”, aunque ampliando a “compañeres”, porque puede que alguien no se sienta ni lo uno ni lo otro; puede ser un neutro o lo que quiera ser, que ahora hay casi de tó, y aquí de lo que se trata es de ser inclusivo y que, de paso, te voten.
Contando ya con la atención del respetable, seguiría con el modelo Susana Díaz, que parece que esté dando una clase de párvulos de tanto que repite las cosas, y les atacaría con el “yo estoy aquí para unir, no para separar. Para unir, no para separar” y otra vez con lo mismo, apoyando mis palabras con su misma locuacidad gesticular que esa mujer todavía no ha salido de la Feria de Abril y sigue mirándola cara a cara que es la primera.
A continuación, para calmar a las masas, incluiría un toque del discurso equilibrado del bueno de Patxi y pediría, con esa cara de pena que pone, recuperar la unidad del partido olvidando rencores pasados y mirando hacia el futuro; lo mismo que yo le digo a los de mi banco cuando me reclaman deudas atrasadas.
Para terminar mi arenga, aún asido a la barandilla, enardecería a las masas llamándoles a asaltar el palacio de invierno y acabar con el régimen, que eso es muy revolucionario, te garantiza un liderazgo inmerecido y te ahorras las elecciones.
Además ya saben ustedes lo que pasa con los pueblos, que les dices que son libres de votar lo que quieran y van y lo hacen. Desagradecidos.
En fin, no quiero parecer arrogante, pero yo podría haber sido el futuro del socialismo.
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