Les digo una cosa, no sé si es por la globalización o por el cambio climático, pero el mafiosillo de la Golden Mile se está convirtiendo en una especie en peligro de extinción.
Somos pocos los que nos hemos dado cuenta del alarmante descenso de ejemplares de mafiosillo en esta vasta extensión que es la Golden Mile.
Cada vez resulta más difícil presenciar la tradicional escena en las noches de verano del cochazo molón aparcado junto al bistro en el que cuatro armarios andantes vestidos de horteras carísimos de Miami Vice miran con desconfianza a todo el que pasa mientras beben cerveza de la botella, como en las pelis americanas de adolescentes con problemas de autoestima.
Tampoco se ven ya esos tatuajes de estrellas en el pecho asomando bajo la camisa de Versace, para que todos nos enteremos de que estamos ante un capo de la Rússkaya Máfiya. Luego el tío resultaba ser de Murcia, pero vestía un montón lo de tener a un mafioso en el local; para mí que algunos bares los contrataban por horas para colocarlos en la terraza.
Sin embargo, al igual que el lince ibérico ha sido sustituido por el gato común, el mafiosillo de la Golden está siendo desplazado en su hábitat por el chusmilla hiphopero con gorra y camisetilla del "Todo a a Cien", que cruza la Golden con el Seat León amarillo a escape libre para fumarse un canuto con los coleguitas.
El Seprona y la Junta de Andalucía deberían ponerse a trabajar conjuntamente para declarar la Golden MIle zona protegida, un Doñana en el que el mafiosillo pueda ser vigilado en su evolución y donde pueda reproducirse para hacer como se está haciendo con el lince, reincorporarlo a su hábitat natural y recuperar la especie.
Si hoy no cuidamos la naturaleza autóctona, mañana las futuras generaciones se tendrán que contentar con saber del mafiosillo de la Golden a través de los programas de National Geographic. Palabrita.
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