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El síndrome

Milton

Miércoles, 29 de Agosto de 2018

Ahora que llega el final de agosto, les voy a dar unos cuantos consejos para superar el síndrome posvacacional. Olvídense de lo que dicen en la tele los sicólogos o de respirar profundamente varias veces, con lo puerco que está el aire solo conseguirán adelantar el cáncer de pulmón.

Únicamente hay dos formas eficaces de superar este síndrome y ambas recetas las descubrí yo mientras reflexionaba en la barra de una de las bibliotecas de las que soy habitual.

El primer sistema, que a mí siempre me ha funcionado, consiste en aplicar terapias preventivas. Estos es, el síndrome postvacacional es como lo de las agujetas tras irte a correr al Paseo Marítimo. Si no quieres que te duela, pues no corras porque, además de ser de cobardes, ¿qué prisa tienes? Como si fueran a quitar el paseo.

Pues con el síndrome, lo mismo: permanezca durante todo el año sin pegarle un palo al agua y verá como no nota desánimo ni síntomas depresivos cuando llegue septiembre. Se lo digo por experiencia, es infalible. Yo incluso lo practico en Navidad y para evitar que me dé el bajón de enero tengo los adornos puestos todo el año, canto villancicos en Semana Santa y pido el aguinaldo a cualquier incauto con el que me cruce. A veces pican.

Como segundo sistema anti síndrome posvacacional e igualmente eficaz, está el hecho de ser conscientes de que esta chorrada es solo el nombre técnico que le hemos puesto a lo de ser más vagos que la chaqueta de un guardia.

Fíjense que si cogen el astil de un pico, preferiblemente en elegante madera de pino rojo, y se propinan un fuerte golpe en los piños mientras se dan dolorosos pellizcos en los cataplines se les pasa la depresión posvacacional. Prueben, prueben y verán cómo se curan del síndrome enseguida.

Lo que yo les decía, es psicológico.


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