Muchos se habrán sorprendido al ver que cada vez hay más políticos con títulos universitarios tan auténticos como una moneda de tres euros, pero les digo una cosa: yo lo veía venir.
Porque la primera pregunta que ha de hacerse todo el que se proponga hacer un master es, ¿para qué sirven? Evidentemente para estar un año más sin pegarle un palo al agua viviendo a costa de tus padres.
Después hay también que preguntarse ¿dónde imparten los mejores masters? Y ahí fue donde yo acerté.
No me fui a cualquier universidad, sino que elegí un centro de absoluta solvencia y ampliamente reconocido por el mundo educativo que me recomendó el chino del todo a cien de abajo de casa. Por suerte hasta pude matricularme en su tienda gracias a un convenio que tenía con la conocida universidad de Liaoyang, en la ciudad del mismo nombre.
Además elegí estudiar el master a distancia y en la misma tienda me vendieron un montón de dvds en chino superdidácticos porque eran pelis de kung fu pero con trasfondo educativo y escenas guarrunas de bajo presupuesto para mantener la atención del estudiante.
Incluso, del todo a cien me traían también la comida, china por supuesto, para introducirme totalmente en su cultura, hasta el punto de que los conocimientos del master no fueran aprendidos sino asumidos.
Y miren, en la vida, si perseveras y te esfuerzas, hay recompensa. Al año y pico tenía mi título de Master del Universo, pero el de Famobil, no el de Berjusa.
Hasta hicimos una ceremonia en el todo a cien en la que recibí un muñeco de Skeletor y un busto de Heman. E incluso me pasó como a Pedro Sánchez, que lo mío también fue honoris causa, cum laude y 8 cilindros, por eso me hicieron entrega de la Espada Luminosa Heman, de Matel.
Y les digo una cosa más, ninguna de las veces que bajé al todo a cien a hacer consultas, me crucé con el presi, con Carmen Montón o con Pablo Casado.
Para mí que mienten.
Ratio: 5 / 5
Comentarios potenciados por CComment