A muchas madres les preocupa el tema de qué hay que hacer para conseguir plazas para los niños en una guardería y hoy voy a responder a todas sus dudas.
Lo primero que hay que hacer para llevar al niño a la guardería es tener un niño. Nada impide que lleves a un oso de peluche o a unas chuletas de cerdo que estén a buen precio, pero en este caso no esperes que te responda cuando le preguntes "¿qué tal en la guarde?"
En segundo lugar hace falta tener ganas de perder al crío de vista. De hecho, cuando las mamás dejan a los niños en la guardería se alejan del lugar con cara de pecaminosa felicidad, como si le hubieran mentido a su cónyuge para ver furtivamente a su amante. Y, si se fijan, nunca miran hacia atrás, por si en el último momento sale la seño y se los devuelven.
En tercer lugar, los niños deben entrar en el centro berreando y pataleando como animales, pues de otro modo la finalidad represiva del internamiento no cumplirá su función educadora y de reinserción social. Imaginen que los quinquis se alegraran de entrar en la cárcel, pues sería porque algo no estamos haciendo bien.
Otra cosa que hay que tener para llevar el niño a la guarde es un todoterreno de marca pija, gris metalizado, que la mamá no debe saber conducir y que sea enorme para provocar atascos kilométricos en la puerta de la guardería.
Y, finalmente, para llevar el niño a estos centros educativos hay que participar en las tertulias de madres que se celebran en la puerta, mintiendo descaradamente sobre lo inteligente que es tu hijo mientras dejas de torpes y zoquetes a los de las demás mamás, sobre todo al de esa que se ha puesto el botox y que seguro que esas dos que lleva puestas son de silicona. Arpía.
Equivocadamente alguien puede considerar machista que sean las mamás y no los papás los que hagan todo eso. No es así, los papás no pueden estar yendo y viniendo de la guardería porque están en el bar con los amiguetes viendo el fútbol, como Dios manda.
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