Les digo una cosa, la oposición al bueno de Mariano Rajoy se equivocaba esta mañana al criticarle lo de elegir a dedo a los fiscales Anticorrupción.
Además, demuestran un enorme desconocimiento de la actividad política, porque lo que no tienen en cuenta es que si estás gobernando y eliges a fiscales y jueces a los que no conoces de nada, pues lo mismo deciden cosas que no te gustan y te llevas un berrinche.
Esto es como ir de cervecillas, uno no se va a tan sagrada labor rodeado de desconocidos, sino que se embarca en esa aventura con su grupillo de toda la vida. Miren también a los yihadistas, se inmolan con los coleguitas.
O cuando me para el brigada Quintanilla y sus muchachos en uno de su intrépidos controles de alcoholemia, que yo prefiero que me sancione un guardia conocido, no uno de esos novatos que están de prácticas, que me hablan de usted y me piden las cosas por favor. Cuando me dice “sople aquí, por favor”, siempre le respondo que si se trata de un favor que no se lo hago y que no soplo.
Porque en la vida la gracia está en rodearse de gente conocida y que te quiera, que eso es muy bonito: Así, si metes la pata y te pilla un amiguete, pues te pagas unas cañitas con gambas de Huelva, y todo perdonado.
Imagínate que coges de fiscal o de juez a un desconocido, que un día le pides el favor de que te guarde en su casa esas bolsas llenas de dinero hasta que te las lleves a las islas Caimán, y va y lo mismo te monta un follón. Porque les digo una cosa, con los desconocidos hay que tener cuidado que hay mucho desagradecido.
Fíjense que a los niños siempre les dicen que no cojan caramelos de ningún desconocido y a los políticos que no acepten notificaciones judiciales firmadas por funcionarios desconocidos.
Háganme caso, que yo entiendo de política, mejor siempre con tu pandilla.
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