Como todos los años, el pasado miércoles por la noche ofrecí a los vecinos de la Golden Mile mi habitual arenga de Nochebuena.
Llamo la atención sobre el hecho de que mi alocución no debe ser confundida con el mensaje del rey que, aunque coincide en la fecha, no lo hace ni en la hora ni en el contenido. Porque una cosa son los problemas del país y otra muy distinta son las cuestiones que afectan a la Golden, que nunca son problemas que eso es cosa de pobres.
Ni lo mío es un mensaje navideño, que eso es lo que reparte Seur. Lo mío es una arenga navideña y hasta me llevo mi trozo de barandilla de hierro, porque lo suyo es arengar desde un balcón, como hacía Millán Astray mientras las tropas, enfervorecidas, daban vivas. Lo que pasa es que yo arengo desde el bar de abajo de casa y como no me parece nada marcial lo de arengar desde la barra, me llevo el pedazo de barandilla para, asido a él, invitar al selecto vecindario de la Golden a no seguir escondiendo el dinero negro en Luxemburgo o en Suiza, que están ya muy controlados y piden unas comisiones que dejan en aprendiz jedi a Jordi Pujol, el maestro Yoda de la comisión. Creo que lo de las Caimán sigue siendo seguro.
También animo a los vecinos a pagar por aparcar el coche incluso en sitios donde no sea zona azul, para demostrar que lo de la Golden es poderío del de verdad, de rico cateto de toda la vida. Y como siempre, termino mi arenga con tres vivas por Giorgio Armani y otro tanto por Versace, aunque debo admitir que con Donatella ya no hay la misma marcialidad que cuando Gianni.
Ratio: 3.5 / 5
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