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El fin de los atletas

Milton

Sábado, 06 de Mayo de 2017

Ahora que decido en serio lo de ponerme a hacer deporte, van y descubren una pastilla que sustituye la necesidad del ejercicio y de ir al gimnasio.

Se lo digo de verdad, que lo he visto en internet. Claro que también he visto e internet las fotos de las vigilantes de la playa y seguro que son mentira: esas valkirias no existen.

Cuando yo era más joven solía hacer ejercicio todos los días y cada noche iba y volvía desde la Golden Mile hasta Puerto Banús corriendo. Pero luego empezaron el brigada Quintanilla y sus alegres muchachos a poner sus controles de velocidad y alcoholemia y tuve que retirarme sin haber cosechado medallas.

Además, de tanto acelerar y embragar a veces hasta tuve agujetas en las piernas. No se extrañen, otra vez estuve un par de semanas lesionado, con el bíceps echo polvo, de levantar pintas de cerveza, cuando yo soy de cañas, de peso pluma. A los atletas nos pasa eso, nuestra mente siempre exige un poco más de lo que aguanta nuestro cuerpo.

También tuve una época en que me dio por el boxeo y era bueno: cubriéndome con la zurda, con aquellos calzones grandes y las zapatillas deportivas, me acercaba dando saltitos a las valkirias exuberantes en la calle y les proponía cosas inenarrables. No veas las guantás que pegaban, Mohamed Alí, un aficionado. Algunas hasta me daban patadas en los bajos, porque en el boxeo también hay mucho púgil marrullero.

Ahora, cuando empiecen a vender la pastilla, ya no hará falta ir al gimnasio. No habrá que soportar esas agotadoras sesiones rodeado de sudorosas jóvenes vestidas con ceñidas mayas que, montadas en diferentes aparatos o tiradas por los suelos, se contorsionan y retuercen para alcanzar la máxima firmeza de sus carnes.

Reflexiono sobre esto cada vez que voy a tomarme unas cervecillas en el bar que hay frente a la enorme cristalera del gimnasio y les digo una cosa, ninguna pastilla te va a proporcionar la satisfacción del logro personal y no todos los avances científicos son buenos. ¿Quién va a ir a ese bar si cierran el gimnasio de la otra acera? ¿Qué será de nosotros, los atletas?


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