De nuevo, la fortuna me ha sonreído y ha sido llegar el buen tiempo y me han levantado toda la terraza porque el vecino de abajo tiene humedades.
Si les digo la verdad, no tengo claro qué tiene que ver mi terraza con la vida sexual del vecino de abajo, pero lo de que los obreros empiecen con las taladradoras y las radiales a montar el follón a las ocho de la mañana, me hace sentir calor de hogar. Vienen a mí recuerdos de cuando compré el Milton Palace y luego hice la obra.
Todo ese año levantándome a golpe de martillazos, picos, palas y máquinas diabólicas de todo pelaje, que hasta le puse una vela a San Leroy Merlin pidiendo clemencia. Sin embargo, terminada la reforma y superada la terapia de electroshock, no guardo mal recuerdo de aquella época.
Aún hoy, en ocasiones, cuando paso por una obra me dan espasmos y vuelve el babeo compulsivo; en el fondo soy un romántico.
Por eso, cuando esta mañana me he asomado a la terraza y he visto todas las losas del suelo levantadas, reducidas a montículos de escombros desordenados entre los que mis plantas yacían moribundas, comprendí que tenía ante mí la terraza Basora Style, lo último en decoración para la temporada primavera-verano.
Lo que parecía simple desorden era, en realidad, la representación alegórica del más actual chill out. A la derecha, junto a un pico aún clavado en el firme, había trozos de bambú que daban al espacio un toque de estética Vietcong, un guiño a los antiguos guerreros. Junto al césped, varios botes de disolvente vacíos parecían indicar el empleo de armas químicas o biológicas.
Allí no olía a jardín, ni a florecitas, ni a mariconadas parecidas. Allí olía a victoria. Hay decoradores que son lo más grande.
Ratio: 4.5 / 5
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