Algo que nunca les he contado es que mi vocación truncada ha sido siempre la de ser como los saudíes y trabajar en el mundo del petróleo.
La verdad es que siempre he querido ser esa voz casi celestial que te dice en la gasolinera: “ha elegido usted gasolina 95”. Siempre he pensado que yo habría sido un gran pregonero de gasolinera. Más aún, hasta le daría un toque más humano interactuando con el consumidor.
Porque lo de la voz grabada no está mal pero queda un poco frío y distante, no se crea complicidad entre el cliente y la empresa. En mi caso, no solo sería una voz sino también un apoyo al que reposta, adaptando el mensaje al perfil del consumidor.
Si llega el habitual macarrilla con el Seat León amarillo con alerón negro, le recordaría, “coleguita, has elegido gasoil extra dabuten y apaga el canuto que la gasofa se lleva fatal con el fuego”.
De tratarse de la clienta valkiria exuberante modelo estándar que viene de serie con el todoterreno Porsche o BMW gris metalizado, el mensaje grabado ha de ser más elegante, más en plan: “¿Estudias o trabajas, guapa? ¿Qué número de Chanel le vas a poner al buga, el 95 o el 98 extra?" En fin, algo con más clase pero sin dejar de ser familiar.
A esos conductores mayores que no se manejaran muy bien con lo del autoservicio, les indicaría con amabilidad: “esa manguera no, torpe. La de la derecha. No tu derecha, mi derecha. Pues, abuelo, habría que verte montando un mueble de Ikea”.
Y si llega la Guardia Civil hay que decir siempre en el mensaje grabado lo de "si lo fuera sabío, no lo fuera hecho", esconder las cervecillas bajo el mostrador y salir corriendo por la puerta de atrás, porque lo mismo vienen a llenar el depósito, pero la prudencia no ha matado nunca a nadie.
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