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Por Fin

Pues se echa de menos

Milton

Domingo, 16 de Abril de 2017

Pues les digo una cosa, aunque parezca sensiblero y un poco comunista, ahora que se acaban las vacaciones, se echa de menos a los borjamaris.

El primer día de operación retorno es el más duro, porque uno se acostumbra a estar incómodo con tanta gente por todos sitios, que luego cuesta. Lo del roce se nota.

No es lo mismo lo de despertarte por la mañana con el solitario rumor de los pajarillos, que hacerlo con los tenistas coñazo dando por saco a las nueve de la mañana, que yo no acabo de entender lo de venirse de vacaciones a sufrir, pero admito que el que te cuelen la bola por la ventana del dormitorio y te dé en los cataplines tiene un toque familiar. Yo tuve una ex que me hacía lo mismo pero con el taconazo de Jimmy Choo y, mientras me retorcía de dolor, siempre le decía “buenos días, cariño”, y ella contestaba lo de “levántate ya mastuerzo inútil”. “Yo también te quiero”, le respondía henchido de pasión. Era muy romántico.

Se echa también de menos a los niñatos del apartamento de al lado, con la música de Chunguitos del Bronx a todo volumen hasta las siete de la mañana, y yo me iba hasta su puerta con la botella de Jumilla a cantarles “Clavelitos” a ver si me dejaban entrar, porque, como dijo Sun Tzu, si no puedes con ellos, únete a ellos.

Luego, al alba, cuando ya se hacía el silencio y me iba a dormir, llegaba la Muy Ilustre Banda del Peñazo Incontestable bajo Palio Nazareno a tocarme en la terraza las mejores marchas procesionales rapeadas. Porque eso es lo bueno que tiene el turismo interactivo: si no puedes ir a la Semana Santa, te la llevan a casa. Estos chinos es que piensan en todo.

En fin, no quiero ponerme sentimental pero admito que esta tranquilidad y comodidad produce cierta sensación de vacío. Verán que al final voy a tener algo de comunista.


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