Todos nos quejamos de lo mal repartido que está el mundo, de que unos sean tan ricos y otros seamos tan pobres, pero nos equivocamos.
Tras reflexionar profundamente, he comprendido que yo tengo madera de pobre. Ahora me acepto a mí mismo, ha sido como salir del armario, financieramente claro está, sin tener que ver las películas lacrimógenas del domingo por la tarde.
Porque, al igual que hay gente con madera de líder, de atleta o de madero, también hay gente con madera de rico y otra con madera de pobre.
Me di cuenta porque yo soy de los que, cuando va a Banús y ve esos pedazos de yates, siempre me pregunto cuánto se gastarán los dueños en taxi, porque al llegar aquí están sin coche, así que ya me contarán. Claro que lo mismo cogen el autobús y eso es un ahorro.
Y cuando veo en las revistas pijas de la Golden Mile esas villas de superlujo, con salones inmensos, me pongo a calcular lo que pagarán de luz. O si me adelanta uno con el Ferrari o el Bentley, que sonrío para mis adentros sabiendo que a mí siempre me costará más barato que a él llegar al mismo sitio. Además el Miltonmóvil va más ligero de peso porque no llevo ese peassso valkiria exuberante de larga melena rubia que los coches de lujo traen de serie en el asiento del copiloto.
Tampoco escapa a mi reflexión la apatía vital que debe experimentar el rico que mira su cuenta por internet con la certeza de que se va a encontrar un puñao millones en el saldo.
Imaginen el no poder vivir la ansiedad que produce ignorar si llegarás a fin de mes, la angustia por la hipoteca, por el recibo de la luz, el del teléfono. El verse privado de la experiencia de no saber qué sucederá cuando pretendes pagar en el restaurante con tarjeta sin saber si terminarás en el callejón siendo apaleado por varios camareros por intentar hacer un "simpa" o si irás directamente a la cárcel. El no haber vivido nunca esa satisfacción plena, cuando va la tarjeta y funciona, y la operación sale aceptada: las lágrimas, los abrazos con el maître y los gritos desde cocina: "¡Campeón, campeón!".
Les digo una cosa, me parece muy cruel que los ricos no tengan derecho a ser pobres.
Ratio: 4.5 / 5
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