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La tienda gourmet

Milton

Lunes, 10 de Abril de 2017

El otro día estuve en una tienda gourmet que, aunque no estaba totalmente en la Golden Mile, los del barrio la consideramos casi como si lo estuviera.

No solo por su proximidad, sino también porque los de la Golden somos grandes demócratas, partidarios de la igualdad, la no discriminación y porque estaba de rebajas.

Tenía cajas con todas esas frutas exóticas de extraños nombres que utilizan como recipiente para beber cócteles y sofisticados zumos en los hoteles de cinco estrellas. Ya saben, esas bebidas que aparecen en las fotos de las revistas del corazón y que siempre sujeta una famosilla cutre de reality show mientras juguetea con el agua en una playa del Caribe. Aunque con el precio que tenía la fruta, yo me habría decantado por los vasos de Duralex, o tal vez por un botijo, que volver a lo rural está ahora muy inn.

Además había un amplio muestrario de verduras a las que parecía que le habían sacado brillo con Cristasol. Todo era ecológico, sostenible, reciclable y muy solidario.

Hasta me encontré valkirias con vaporosas ropas de lino que venían a comprar en bicicleta. con motor eléctrico por supuesto, que una cosa es ser ecologista fashion y otra es ser de Podemos.

También había borjamaris con el uniforme marbellero vacacional reglamentario -el polo de Ralph Lauren, los bermudas y los náuticos- que comentaban lo de la noche anterior en Olivia. O sea, pues eso.

Pero, de pronto, al fondo de la tienda, justo donde estaban los vinos de California, frente a las trufas blancas, me sorprendió una mujer vestida con ropa deportiva que no era de marca, llevaba el pelo recogido en un moño hecho manifiestamente deprisa y corriendo. De una mano arrastraba a un niño de corta edad, con la otra tiraba de un carrito de la compra. Lo supe inmediatamente: era un ama de casa de verdad. Fue como ir a Doñana y cruzarte con un lince en los lavabos de un bar.

Como ya les dije, la tienda gourmet no estaba propiamente en la Golden y eso, aunque excitante, termina notándose.


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