Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content

La "fefepedos"

Milton

Domingo, 16 de Enero de 2022

Se echa de menos que a uno no le aplaudan a las ocho de la tarde como hacían mis vecinos en los meses de confinamiento, que yo salía a la calle vestido de luces, capote y estoque en la diestra y, en la siniestra, montera saludando al respetable, con ese “va por ustedes”, como decía Curro Romero siempre que no iba a torear.

Ahora, la gente se ha vuelto acomodaticia y ya no recuerdan a aquellos que nos sacrificamos por ellos en los momentos más duros, cuando yo hacía tutoriales en Youtube para enseñar a mis conciudadanos a comer fabada con la mascarilla puesta.

No olviden que fui el primero en mostrarles que los gases que producen las judías también debían ser filtrados antes de su expansión en el medio ambiente y que por ello era fundamental disponer donde la espalda pierde su santo nombre de otra mascarilla tipo fefepedos (FFP2 para los que entendemos de coronaviruses) para evitar la propagación del covid.

Alguna vez incluso, los gases fueron tan malos que, en su expulsión, hasta se me rompieron las gomillas de la máscara que la sujetaban a la parte trasera de los pantalones.

Más aún, antes de lo del volcán de La Palma, recuerdo que tras los bocatas de fabada con alioli para desayunar, me sobrevinieron erupciones con piroplastos estrombolianos, sin duda por la variante delta, que por entonces era la mala, y me daban esos sudores fríos por la espalda a la vez que el cuarto de baño se alejaba tanto como yo intentaba acercarme a él mientras sonaba una inquietante música de terror en plan "Masterchef Junior" o algo así.

Y, por supuesto, los momentos de la posesión demoníaca de los coronaviruses, cuando invadían mi organismo y se te venía de nuevo a la garganta ese saborcillo del chorizo y la morcilla y, en de pronto, en plan niña de "El Exorcista" con el estómago revuelto, la colada también estromboliana, con ese tremor de jandemor, que los que estaban alrededor daban las gracias a pesar de que ya habían comido.

Por suerte, como yo era de los ciudadanos responsables que siempre que comía fabada con alioli llevaba puesta mi mascarilla fefepedos, nunca se desperdiciaba toda la comida. Porque les digo una cosa, lo del desperdicio alimentario es algo que tenemos que tratar otro día.

Pero a lo que íbamos, ¿dónde están ahora los aplausos después de tanto sacrificio?


Comentarios potenciados por CComment