No sin preocupación he oído hoy en las noticias que los periodistas han tenido que pagar para entrar a la rueda de prensa a las que les había convocado la Generalitat.
Debo decir que, hasta ahora, yo pensaba que todos esos chistes de los catalanes y el dinero solo eran tópicos. Sin embargo, después de hacer pasar por caja a los que iban a entrar a la sala de prensa, admito que veo maestría en la Generalitat y hasta he descubierto que Puigdemont, a pesar de su peluquero, es el auténtico maestro Joda del sablazo.
Y yo que me creía un profesional cualificado del gorroneo. Soy un don nadie, comparado con el arte que he visto hoy para meterle un pullazo al primero que pasa. Lo de prohibir las corridas de toros en Barcelona cobra sentido. Son los del Govern, maestros del racaneo, los que merecen salir por la puerta grande blandiendo orejas y rabo -en el sentido taurino no textual-.
Todo para enseñarles a los periodistas una urna de plástico que le han comprado al chino de la esquina. Qué arte.
Imagino a los de la prensa internacional después de pagar sus diez euros, mirando fijamente la caja de plástico, esperando a que el president saliera vestido de mago, levantara la tapa de la urna y sacara de las orejas a Jordi Pujol. Y sin pedir comisión del 3%, solo por 10 euros y 500 la unidades móviles. Un chollazo.
Habría provocado cerrada ovación de los presentes, pañuelos blancos en la grada y seguro que los colegas más vehementes le habrían lanzado su ropa interior al grito de "¡queremos un referéndum tuyo!".
Además, y esto se lo digo como una exclusiva, sé que por dos euros más te dejaban chupar la urna y por cinco hasta podías votar aunque fueras de Senegal.
Más aún, que sepan que nadie encuentra las urnas porque solo le han comprado una al chino para ahorrar. Lo que van a hacer es pedirle a la Guardia Civil que lleve a un funcionario de la Generalitat de colegio en colegio para que la gente vote. Al fin y al cabo, lo guardias tienen que vigilar esos sitios de todos modos, ¿qué más les da llevar a un señor con una urna?
También me han dicho que solo hay una papeleta, de modo que cuando uno ya ha votado, la sacan de la caja y se la dan al siguiente. Porque a Puigdemont se le podrá cuestionar la legalidad del referéndum, pero que es un pura sangre de la tierra, desde luego que no.
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