Les digo que nos estamos precipitando. Cegados por el verano, no vemos más allá de las cientos de miles de valkirias exuberantes extranjeras que vendrán a hacer turismo mientras, de forma subrepticia, como el Vietcong, nos meten las nuevas cepas del peligrosísimo coronaviruses. Un horror.
Porque, desde luego, si dependiera de mí, no dejaría entrar por el aeropuerto a ninguna voluptuosa guiri a la que no le hiciera personalmente una PCR o lo que hiciera falta. Aún menos a las brasileñas, que tienen una cepa peligrosísima, sobre todo cuando se suben a la barra y se ponen a bailar meneando las caderas y empiezan a lanzar coronaviruses a todos los que babean a sus pies, y eso que a mí nunca me ha pasado; me lo contó un conocido.
Eso, por supuesto, sin tener en cuenta las cepas autóctonas, que no las ha detectado ni Sanidad. Porque ya ha aparecido la cepa Milton del COVID-19’5. Y lo sé porque yo la he padecido. Es mucho más contagiosa y cuando te entra, lo primero que te se viene a la cabeza es que te inviten a cervecillas. Luego la cosa se pone más seria y comienza un estado febril en el que te planteas si pedir un crédito que no necesitas a Cofidis y hasta decirle a tu banco que te dé media docena de tarjetas revolving, que es casi como tener una novia sin derecho de pernada. Y no lo digo por experiencia, que también me lo contó el conocido de antes.
Peor aún si, infectado por la cepa Milton, te coges también la brasileña en un table dance de Puerto Banús. Ya ves, la mulatona dando brincos sobre la barra, tú con la tarjeta revolving que te has visto forzado a pedir por culpa de la cepa Milton y sin conocimiento después de las veinte cervecillas. Mas peligro que cruzarte en un aeropuerto con Osama y sus dos maletas.
Les digo una cosa, si se levantan una mañana y les pide el cuerpo lo de vestirse únicamente con una elegante gabardina Burberrys, con zapatos de fino tafilete italiano a juego con calcetines de seda de color borgoña o burdeos para mostrar sus vergüenzas a las damas que transitan por la calle, háganse una PCR. Son indicios inequívocos de un contagio con la cepa Milton.
Igualmente lo sé por este mismo conocido que ha tenido mala suerte y, a pesar de que ya le han puesto la primera dosis de AstraZeneca, ha sobrevivido y se niega quitarse la gabardina.
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