Herramientas de Accesibilidad

Skip to main content

La metamorfosis

Milton

Lunes, 12 de Abril de 2021

Como cada año, acabo de consumar la catarsis que siempre me provoca el comienzo de la campaña de la declaración de la renta. Casi se trata de una metamorfosis en la que mi yo gusano, ciudadano pringaete de los de toda la vida, se transforma en mi yo contribuyente, una crisálida, un capullo en definitiva.

Y en las largas noches, vuelven las pesadillas, con esos cientos de miles de inspectores de la Agencia Tributaria persiguiéndome por las vacías calles de la ciudad, una legión zómbica de Walking deads que se me aproxima renqueante, sujetando en sus descarnadas manos el formulario modelo 104 de la declaración de la renta mientras gritan al unísono, “¡Paga, paga, paga!”.

Entonces, me despierto sobresaltado, aún cubierto de sudor, y mi gruta ya no parece morada sino celda, y la sombra de los barrotes de la única ventana no me producen sensación de seguridad sino que son la barrera que me impide escapar a Panamá, las Seychelles o a cualquier otro paraíso fiscal sin tratado de extradición.

Esto de la campaña de la renta me condiciona tanto que hasta físicamente noto que soy otro y mi look ya no recuerda al de un atormentado poeta ruso en el exilio, sino al del Conde de Montecristo, asido a los barrotes de su prisión en el centro penitenciario de las Tierras Altas. Mientras, los contribuyentes que han cumplido puntualmente sus obligaciones fiscales traen a sus hijos a verme, para que sean conscientes de lo que les puede pasar de mayores si no cumplen con Hacienda, y me echan cacahuetes que han comprado en el chino de la esquina quien, por cierto, sigue pensando que el IVA es un marca de coche.

Finalmente, y como todo los años, lo que más me preocupa es que en mi proceso catártico, durante la metamorfosis en la que paso de gusano pringaete común a contribuyente capullo, termine convertido en mariposa. Aunque lo mismo eso desgrava.


Comentarios potenciados por CComment