Qué contrariedad, ya que me había acostumbrado a vivir bajo el estado de alarma, ahora me dicen que se acaba el próximo 9 de mayo, y empiezo a sentirme como cuando terminé la mili, que ya no tenía motivo alguno para poner a parir a mi sargento primero. Y, amigos, ahí es cuando se siente la amarga soledad.
Porque uno se levanta por la mañana, con su estado de alarma como Dios manda, y se acuerda de todos los difuntos del presidente del Gobierno de turno y de todos los ministros cuyos nombres recuerde, menos, por supuesto, de Irene Montero quien, una vez abandone a los niños, al perro, a Pablo Iglesias y se olvide de esas moderneces de las igualdades, se fugará conmigo a algún recóndito paraíso fiscal sin tratado de extradición. Aún no he decidido si será Guaro o Monda.
Y, volviendo a lo nuestro, lo de que te devuelvan tus libertades es casi tan molesto como que la declaración de la renta te salga a devolver y te priven de tu legítimo derecho a poner a bajar de un burro a la Agencia Tributaria, a la ministra María Jesús Montero y a Cristóbal Montoro que, aunque en este ejercicio no tiene culpa, algo habrá hecho.
Por lo demás, lo único que me queda es resignarme a la ausencia de represión pública, a la plena y vulgar disposición de mis derechos. Qué ordinariez.
Me veo abocado el próximo 9 de mayo, de nuevo, a corretear semidesnudo por las calles de Marbella hasta que algún policía me dispare con su pistola TASER en las partes íntimas.
Y no lo digo en plan guarruno, lo que pasa es que eso le sucedió a ese del conocido video de Youtube que, vestido únicamente con unos elegantes zapatos de fino tafilete italiano color burdeos con calcetines de seda a juego, intentó cruzar la Puerta del Sol de Madrid perseguido por varios municipales. Que aunque les recuerde lejanamente a mí, no era yo. Es que las cámaras de tráfico engañan mucho.
Ratio: 5 / 5
Comentarios potenciados por CComment