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Los errores del 23-F

Milton

Miércoles, 24 de Febrero de 2021

Qué quieren que les diga. La verdad es que no me ha parecido bien lo de que homenajeen en el Congreso la intentona golpista del 23-F. Más aún, casi puedo afirmar que lo considero inapropiado pues regodearse en el fracaso ajeno no es propio de caballeros. Es como si el Vietcong hiciera una fiesta porque Rambo no siente las piernas.

Además, ahora, echando la vista atrás, veo sustanciales fallos tácticos y estratégicos que malograron el objetivo de alcanzar la Presidencia del Gobierno por el clásico método de "o me votas o te mato". Que, por cierto, mienten quienes dicen que es antidemocrático pues el amenazado a punta de pistola no es privado de su derecho al voto y se respeta su decisión, si es la adecuada.

Saben que yo siempre he sido un gran demócrata, pero hubo un tiempo en que aspiré a convertirme en cargo electo y, a pesar de que incluso constituí un partido para presentar batalla en las urnas, el TPM (To Pa Mi), comprendí que, teniendo en cuenta que mis afiliados cabían en un taxi y eran pagados, resultaba poco probable que saliera elegido por mayoría absoluta. Por ello, planeé lo de hacerme con el poder asaltando el Gobierno. Como lo de Tejero pero con más clase y, sobre todo, con la planificación adecuada.

Porque el primer fallo que cometieron los del 23-F fue la designación de los objetivos a ocupar. Yo jamás habría tomado como rehenes a los diputados. Si esos cobran dietas por todo. Además, tal como está la cosa, seguro que muchos querrían negociar con el que iba armado para formar una coalición de gobierno a cambio de carteras ministeriales. Y eso no es auténtico golpismo.

Para aquellos interesados por la política, que sepan que lo primero que hay que ocupar cuando se da un golpe de Estado es el bar del Congreso. Sobre todo en el nuestro, que he leído que los gin tonic están a 5 ó 6 euros. Imaginen a cuánto sale la caña. Un chollazo.

Además, si la intentona fracasa y las fuerzas del orden leales al Gobierno constitucional asaltan el local, puedes cubrirte tras el cuerpo de alguna camarera voluptuosa de desbordantes curvas para complicarles la labor a los francotiradores. Pero si, final y desgraciadamente, la valkiria resulta alcanzada de modo fatal, siempre me ha parecido muy romántico pensar que se ha sacrificado por mi y por la causa. Tal vez en otra vida habríamos llegado a algo. Nunca te olvidaré.

Y algo más, estando atrincherado en el bar y ante la inminencia del asalto final de las fuerzas antipatrióticas contrarias a mi preclaro liderazgo, lo suyo es inmolarse lanzándose al vacío asido a un barril de Cruzcampo al grito de "por mi y por todos mis compañeros". Con esos precios en el bar, como si uno quiere quemarse a lo bonzo con whisky de Malta.

Por último, aquellos que, como yo, son conscientes por su natural carisma de que tienen la obligación histórica de detentar el poder, deben tener claro que tamaña responsabilidad ha de asumirse a pesar de que la gente insista en votar a otros.

Sobre todo porque, aunque los votantes no lo sepan, no quieren que les pongas una urna. Quieren un quiosco de chuches en la Alameda, como la gente normal.


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