Sé que también se han dado cuenta, de que el problema de los contagios de coronaviruses es de la gente, que no es nada responsable ni solidaria. Porque lo de echarle la culpa a la gente, a la que nunca pertenece quien la nombra, es una tradición casi ancestral en este país. Fíjense sino, en quién es culpable de todo lo que hace mal el Gobierno. Obvio, la gente, que no sabe lo que vota. Usted sí que lo sabe.
Porque, cuando estábamos acodados en la barra del bar, antes de que esto fuera delito, todos teníamos claro que el problema es que la gente no sabe lo quiere. Y esto se veía meridianamente claro después de la cuarta o quinta cervecilla, cuando comenzaba la arenga sobre los chinos, el cambio climático y Messi. Las tres cosas también culpa de la gente.
Qué es lo que pasa con lo de pagar impuestos, que todos estamos de acuerdo en que la gente, no nosotros, debe pagar impuestos. Sin embargo, es también esa misma gente la que luego se queja del fontanero que les dice que para el seguro hay que hacer factura y pagar el 21% de iva. Luego, ¿qué quiere la gente? ¿Autopistas y alta velocidad hasta para ir al baño? Pues sin pagar impuestos no puede ser.
Porque entre la gente hay mucho defraudador fiscal mientras que usted, que del abecedario solo conoce las letras A y B, pero solo utiliza la segunda para los negocios, no es un pirulero sino un romántico, un soñador con ciertas reminiscencias anarquistas que quedaron impresas a fuego en su carácter desde que leyó a Bakunin y Trotsky en la biblioteca de la Universidad. De hecho, le influyó tanto que jamás devolvió los libros, como hacen los ideólogos realmente comprometidos. No como la gente, que no devuelve ni los buenos días porque son todos unos sinvergüenzas.
Lo mismo pasa con el dinero. Que la gente te lo pide y luego no lo devuelve solo por ánimo de lucro, mientras usted lo hace porque en ese peasssso corazón que le late dentro del pecho hay un Robin Hood trilero dispuesto a pirulear a los ricos, a los pobres y a quien haga falta para luego repartirlo entre sus cuentas corrientes.
Al fin y al cabo, el concepto mismo de gente denota colectividad, mogollón, vulgaridad en definitiva; términos que nada tienen que ver con la exclusividad que rodea la existencia del que menciona a la gente pero nunca forma parte de ella.
Lo que aún no entiendo es por qué los que no formamos parte de la gente no tenemos reconocido constitucionalmente el derecho a un voto y medio, como si fuésemos del mismo Bilbao. De esta forma podríamos influir más en los nombramientos políticos y trincar vendiendo nuestro sufragio y medio al mejor postor.
Y les digo una cosa, a la gente no le importaría porque conservaría su derecho al voto, mientras nosotros seríamos inmensamente ricos. Todos felices.
Sin embargo, seguro que habría alguien que pondría algún "pero". Al final, el problema es el de siempre, que la gente no sabe lo que quiere.
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