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Cuando Donald me copió

Milton

Domingo, 19 de Marzo de 2017

Pues les digo una cosa, los políticos nuestros porque no son demasiado espabilados, de otra forma, aprenderían de Donald Trump.

Lo digo porque, en realidad, las formas Trump las inventé yo y el mandatario norteamericano lo único que ha hecho ha sido copiarlas, probablemente porque es asiduo lector de este espacio. Bueno, admito que lo del peinado es suyo. Yo no puedo obligar al barbero a estudiar ingeniería para colocar los seis pelos que me quedan.

Pero, de pequeño, yo ya apuntaba maneras de presidente electo: no hacía más que insensateces, decía sandeces y mentía descaradamente cuando me pillaban en alguna de mis múltiples pirulas. Luego, cualquier día, hacía algo medio normal y todos me aplaudían por mi enorme sentido común y mi acierto a la hora de tomar decisiones; recuerdo a mi mamá diciéndole a papá lo de “¿ves?, ya te dije que no iba a ser un cretino y un mastuerzo toda su vida”.

Incluso una vez tuve mis escarceos con la política y traté de montar un partido de gente de la Golden Mile; gente guapa y superfashion ya saben. Y llevaba en mi programa destacadas iniciativas como el reivindicar el derecho de los de la Golden a enviar a la filipina del servicio a votar en nuestro nombre, que esas colas con tanta gente son un vulgaridad. O bien la de forrar los asientos del Congreso de Cavalli, con sus atrevidos y salvajes estampados animales; también estaba lo de la uniformidad de las diputadas, con esos taconazos de aguja de Jimmy Choo y el top de cuero de Versace, elegante pero informal, abriendo paso a un look más del siglo XXI para la clase política. Bueno, si algún diputado también quería uniformidad todo era hablarlo, que hay gente pa tó.

Además, fue la apoteosis cuando propuse legalizar el derecho al trinque, institucionalizando las comisiones del 3%, aunque con la obligación de tributar el iva. El resto, era para el pueblo. Y nos evitábamos los molestos procesos judiciales por corrupción, con esos juzgados tan de modé y los juicios a primera hora de la mañana, que es cuando la gente bien está durmiendo. Pues no veas, las señoronas aplaudiendo alocadas y lanzándome sus pañuelos de marca. La verdad es que alguno era made in Senegal. Y todas repetían una y otra vez qué gran presidente sería yo, y tan honesto, que solo iba trincar el 3%, y pagando el iva.

Imaginen que solo hubiera tenido propuestas coherentes y serias, ¿creen que me agradecerían que les dejara el 97%? El votante es muy egoísta, que se lo digo yo que entiendo de política.


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