Me ha sorprendido eso de que propongan declarar el espeto de sardinas como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad de la Unesco.
Lo digo porque yo no he comentado nada al respecto, pero lo cierto es que el otro día estuve con mis muy alegres camaradas tomando de estos peces empalados en un chiringuito y, a juzgar por el reducido tamaño y grosos de las sardinas, bien podrían haber entrado por la puerta grande en la lista esa de inmateriales de la Unesco, porque materia tenían bien poca.
Uno del grupo que lee libros y ve programas de La 2, aseguró que nos habían puesto sardinas hembras en el espeto y que debían ser de las buenas, auténticas sardinas modelo y, por tanto, anoréxicas, que es algo muy común en el mundo de la moda. Otro aseveró que si nos habían puesto sardinas hembra, por corrección política, habría que aclarar en las cartas de los chiringuitos que los espetos son de sardinas y sardinos, que si no luego llega cualquier colectivo podemita y te mete un pleito por discriminación sexista en el menú.
Un tercero de los muy alegres camaradas discrepó y dijo que, en realidad no eran sardinas sino chanquetes, aseverando que sabía de lo que hablaba porque lleva años pescando con caña para luego cocinarlos a la sal o abiertos a la espalda. Yo no me pronuncié por no montar polémica pero, para mí, que se equivocaba, el chanquete tiene los ojos más rasgados y es de pestañas más pobladas.
Finalmente le preguntamos al espetero, pero no quiso hacer ningún comentario para no influir en el criterio de los jueces de la Unesco. Dijo que convocaría una rueda de prensa tras conocerse la decisión del organismo internacional.
Ratio: 5 / 5
Comentarios potenciados por CComment