Pocos son los que saben que hoy, 20 de marzo, es el Día Internacional de los Cuentacuentos, lo que significa que es casi como mi segundo cumpleaños.
Porque apunto maneras de buen narrador de historias desde siempre, y aún hoy cuento a los chavales de mi barrio increíbles relatos de príncipes, princesas, brujas malas y hadas madrinas que vivían en bosques encantados.
Y, al final, cuando están totalmente embobados escuchándome, les confieso que los cuentos son mentira y que, en la vida real, los príncipes con ropas voluptuosas y leotardos ajustados suelen terminar queriendo ser princesas; que éstas solo existen en Puerto Banús a partir de ciertas horas de la noche y que para hacerles magia con tu varita hay que tener Visa o American Express.
Aunque también les aclaro que brujas sí que hay, muchas; arpías malas del lado oscuro que cuando te abandonan se llevan el 50% de todo lo que tienes gracias a sus cómplices, los hechiceros tenebrosos, que son sus abogados.
También les advierto de que tengan mucho ojo con las hadas madrinas que aparecen para ayudarte, que yo tuve una así y antes de que me diera cuenta se convirtió en director de banco y me colocó la hipoteca con cláusula suelo, dos seguros de vida, una tarjeta de crédito y algunas acciones de Lehman Brothers. Por supuesto les aclaraba que el bosque encantado es, en realidad, donde terminarán durmiendo cuando el hada madrina les ejecute la hipoteca impagada.
Es entonces cuando les explico la realidad de las patéticas y miserables existencias que tendrán. Porque no se debe mentir a los niños, que se ilusionan con fantasías y, cuando descubren la verdad, se decepcionan y traumatizan.
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