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Por Fin

Miltonfobia

Milton

Jueves, 16 de Marzo de 2017

No va a ser tan mala idea esto de la corrección política, porque llevo unos días reflexionando sobre ello y me he dado cuenta de que, en mi singularidad, soy un colectivo discriminado y víctima de fobias.

De hecho, aunque aún Bruselas no lo ha reconocido oficialmente, existe la miltonfobia y los miltonófobos. Es posible que algún lector se pregunte qué es eso y que otros lo consideren una estupidez. Los primeros son unos ignorantes, los segundos, sin embargo, son miltonófobos.

Ejemplo aún más claro es el de mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank, que está constantemente llamando para advertirme de que mi cuenta está en números rojos. Eso a pesar de que les digo que le pongan el color que quieran, que yo no entiendo de decoración, aunque siempre me inclino por colores suaves que combinen con el mobiliario. Pues aún con mi predisposición a ayudar, me amenazan con llevarme al juzgado: Miltonfobia pura y dura. Y eso que, agradeciendo siempre que se ofrezcan a llevarme, prefiero que me acerquen al Mercadona.

Caso más leve de miltonfobia es el de los bares donde insisten que pague las cervecillas de mediodía o los que, estando sacando dinero, en el cajero automático, me ignoran cuando les digo que saquen 20 euros para mí, como si la máquina fuera suya.

Por supuesto, dimensión de epidemia tiene la miltonfobia en el caso de las valkirias; algunas incluso, cuando les propongo cosas guarrunas, me sueltan unas guantás de libro de texto. Para mí que ahí hay también una conducta sexista. Lo que tengo que enterarme ahora es qué subvención dan por ser víctima de miltonfobia y si es motivo de baja laboral.


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