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La venganza del proletariado

Milton

Miércoles, 26 de Agosto de 2020

El otro día me di cuenta de que algunos de mis calzoncillos empezaban a parecerse a los de un yihadista que acaba de inmolarse. Obviamente, lo primero que pensé es que esos enormes agujeros eran, sin duda, el inevitable resultado de tanta virilidad.

Sin embargo, cuando vi que la etiqueta estaba en latín y que las prendas habían sido fabricadas en la "Colonia Iulia Augusta Emerita en el 25 a.C." por orden de Augustus Imperator, empecé a sospechar que, a lo mejor, estaban algo viejas.

Por ello decidí dirigirme a una de esas macrotiendas de los centro comerciales donde venden productos textiles extremadamente baratos gracias al esfuerzo obrero en condiciones de semiesclavitud.

La verdad es que iba preocupado, pensando que me sentiría culpable cuando encontrara el pack de 516 calzoncillos por un precio ridículo, pero no fue así.

No se me vino a la mente la imagen de trabajadores asiáticos explotados cosiendo sin parar en condiciones infrahumanas sino que, por el contrario, busqué si había algo aún más barato y hasta me pregunté si no se podría reducir el coste de la mano de obra con el látigo de siete colas mientras un eunuco golpea un tambor para marcar el ritmo de las puntadas, como en las galeras, que ese sistema de coaching lo vi en la peli "Ben-Hur".

Algunos podrían creer que esta forma de pensar solo es propia de un desalmado despreciable. Así es, pero con un inmenso patrimonio en calzoncillos baratos.

Por eso, al volver a mi gruta de la Tierras Altas, lo primero que hice movido por la precipitación del botín cosechado, fue probarme una de las prendas que resultó ser extremadamente pequeña, ínfima de hecho, lo que no impidió que la costura inferior me pellizcara malamente y de modo revenío en lo más íntimo de uno mismo mismamente considerado, que cuando pude quitármelos, y aún con los lagrimones sobre las mejillas, empecé a pensar que el nombre artístico de Úrsula me pegaba un montón.

Aun hoy y todavía convaleciente, no se si este dramático suceso fue culpa de un empresario mezquino que pretendió ahorrar tela de donde no se podía o si se ha tratado de la sutil venganza del proletariado oprimido. Lo digo porque, como saben, los comunistas están por todas partes.


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Por Fin
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