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La última batalla

Milton

Domingo, 16 de Agosto de 2020

En estos momentos aciagos de la Historia, el destino nos obliga a dar un paso adelante para que, en un futuro no muy lejano, cuando nuestros nietos nos juzguen, puedan decir con orgullo, “en esa batalla luchó mi abuelo”.

Es por eso por lo que he quedado con un compañero de armas para atrincherarnos en la terraza de una conocida marisquería del Paseo Marítimo de Marbella y, provistos de numerosos puros habanos, resistir a las hordas policiales cuando esta madrugada pretendan desalojarnos al entrar en vigor la prohibición de fumar.

La idea es proteger nuestra posición con sacos terrenos mientras nos hinchamos de vinos caros y lanzamos gambas y calamaritos fritos a quienes paseen por la zona para ganarnos así el apoyo del vulgo. Se trata de conquistar sus corazones y sus almas para que den cobertura a la guerra de guerrillas que iniciaremos cuando, superados por las fuerzas enemigas, realicemos repliegues tácticos a otros bares del campo de batalla.

Después, cuando las autoridades represoras antitabaco crean que hemos huido en desbandada en plan rey emérito, realizaremos fulminantes acciones de comando contra las fuerzas policiales, a las que nos acercaremos haciéndonos pasar por turistas y, fingiendo preguntarles por la Plaza de los Naranjos, les echaremos la humareda de un buen habano en la cara. Y sin cobrarles, de gratis.

Y ahora, a pocos minutos de emprender la última misión en defensa del inalienable derecho a ahumar a todo el mundo, no puedo por menos que rememorar las palabras de William Wallace en Braveheart: “Podrán subirle los impuestos al tabaco, incluso obligarnos a llevar una aburrida vida sana comiendo lechuguita, y hasta forzarnos a hacer ejercicio correteando por la ciudad vestidos con leggins de reinona, pero jamás nos quitarán la libertad”.

Contad esta hazaña a vuestros hijos para que la transmitan a las generaciones venideras. Yo no podré hacerlo al morir hoy en esta batalla sin descendencia.

Que quede claro, porque esa que va por ahí diciendo que su chaval tiene mis ojos, miente como una bellaca.


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