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Negacionista

Milton

Martes, 01 de Septiembre de 2020

Pues les digo una cosa, yo creo que me he hecho negacionista y no es que abjure de la creencia en el coronavirus. Sé que existe porque aquí en las Tierras Altas, las tiendas de chinos ya te venden el covid en diferentes formatos, y hasta los hay con "zero" azúcar, sin lactosa y sin gluten.

En realidad, empecé a ser consciente de mi negacionismo hace unos días, cuando me tomé una hamburguesa doble con mucha mostaza picante de Dijon.

Apenas veinte minutos después de tan temeraria ingesta, comencé a escuchar sospechosos rugidos en mi aparato digestivo; supe que, o la vaca no estaba totalmente muerta, o no se trataba de ternera sino de carne de alien, o bien lo del picante no había sido buena idea.

En ese mismo momento se me vino esa cosita tan mala que produce el extraño efecto óptico de alargar el pasillo que conduce al cuarto de baño. Y cuanto más caminas, tan apretao como Chiquito de la Calzada en dirección a la salvación y los sudores fríos te recorren la espalda, te pasa como en las pelis de terror serie B, y el pasillo se va estirando y la luz del baño está cada vez más lejos. Es entonces cuando, entre estertores, empiezas a recitar lo de “¡No Dios mío. Dáme fuerzas. No llego, no llego!”, que no es otra cosa que el principio del negacionismo.

Aún así, exhausto por el esfuerzo de esos andares de corredor de maratón, la firme voluntad de ninja me permitió alcanzar mi objetivo, al igual que hicieron aquellos marines que en el 45 colocaron la bandera en la cumbre del monte Suribachi, en la isla de Iwo Jima. Buenos muchachos todos ellos.

Cuando, tras liberar mis múltiples y rugientes demonios interiores, puede volver a respirar y el pulso recuperó la normalidad, vino el siguiente vuelco al corazón y el negacionismo me invadió totalmente, contagiándome con más crueldad que un litro de laxante con coronaviruses y con tanta intensidad como a Miguel Bosé.

Y clamé de nuevo el "¡no, no, no!" al percatarme de que, otra vez, había olvidado comprar papel higiénico y, además, había entrado en combate sin tener una bandera a mano, como los marines. Buenos muchachos, y muy previsores.


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