Con todo esto que está pasando con el rey emérito, me he dado cuenta de que mi vida se parece mucho a la de don Juan Carlos. Incluso hemos tenido circunstancias vitales coincidentes. Por ejemplo, a mí una vez me llevó el AVE a Madrid y el se llevó unos milloncejos del AVE a La Meca, y tanta coincidencia no puede ser casualidad.
Incluso es probable que seamos de parecido carácter, aunque yo un poco más flojo, porque me hice republicano solo para no tener que aguantar el peso de la corona sobre el coco si, por obra del destino, terminaban nombrándome rey.
Además, yo también soy de sangre azul, que no dono a la Cruz Roja porque solo les serviría para rellenar los bolis. Y, en realidad, no resultaría demasiado útil: los nobles solo somos compatibles con nuestro tipo Blue + y, la verdad, ya históricamente era costumbre entre los de nuestro linaje matarnos unos a otros para heredar, no salvarnos dándole sangre al varón primogénito. Qué vulgaridad.
También nos parecemos en el tema de las mujeres; ambos las llamamos “mi reina” cuando las cabreamos o cuando les mentimos sin piedad. Y otra cosa, creo que los dos somos también de los que salen a comprar tabaco y no encuentran la máquina hasta que cierran todos los bares a las tantas de la madrugada.
Otro rasgo común entre el emérito y yo es que no conocemos el miedo, y eso es porque, cuando hay algún problema, cogemos las de Villadiego y nos quitamos de en medio, razón por la que nunca hemos llegado a coincidir con el miedo.
Fíjense si nos parecemos que él vivía en el Palacio de la Zarzuela y yo en el Milton Palace que ha sido, de hecho, mi residencia oficial durante años en la Milla de Oro de Marbella, que es donde siempre residíamos los nobles. Por eso, además del Milton Palace, allí está el Palacio del rey de Arabia Saudí y el Milady Palace.
Y, finalmente, ambos hemos asumido nuestro fatal destino, exiliándonos al extranjero víctimas de una conspiración de plebeyos comunistas que nos acusaban de trincar la pasta y salir corriendo. Lo cual es falso, ambos nos fuimos sin ninguna prisa.
Hasta coincidimos en lo de las amigas, y ahí todavía duele que Corinna le prefiriera a él, cuando fui yo el que, como prueba de mi amor, prometí ponerle un quiosco de chuches en La Alameda. Sector económico, por cierto, que está resistiendo la actual crisis mejor que Nissan, Airbus o Alcoa. Ahora te puedes arrepentir lo que quieras Mari Puri, como yo la llamaba cariñosamente.
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