Hay que ver cómo se está notando la labor de las administraciones públicas en eso de la diversificación de la oferta turística, que ya lo de venir a Marbella por el sol y playa se ha quedado más anticuado que una factura de la luz de 20 euros.
Ahora, además del turismo cultural, rural o congresual, está el turismo despertual, que es sin duda el último grito en modelo de oferta turística.
El turista despertual es aquel que viaja al destino con el fin de ponerse a dar el coñazo a altas horas de la madrugada o nada más despuntar el sol para despertar a todos los nativos posibles.
Turistas despertuales son los que llegan a las tantas al apartamento alquilado ilegalmente, borrachos como cubas, cantando a voces por el pasillo del edificio “Asturias dear patria” o “The wine that has Asunción”.
Otro ejemplo de libro de turista despertual es el de los borjamaris que se ponen a las ocho de la mañana a jugar en la pista de tenis, que está pegadita a la ventana de mi dormitorio. Siempre me he preguntado por qué en mi urbanización solo juegan tipos gordos y sudorosos con el torso desnudo y nunca me toca un partido entre Caroline Wozniacki y la Sharapova esa, también con el torso desnudo. Ya es mala suerte.
Existen además los turistas despertuales infantes, que son los de corta edad y estatura a los que los papás turistas echan al jardín a primera hora de la mañana para que den el coñazo a los nativos. Es por esta razón por la que se denominan "de infantería" a aquellos soldados que asaltan una posición enemiga al amanecer.
Y, por supuesto, en Marbella tenemos un turista despertual autóctono, que es el que tiene un vehículo carísimo, con enorme potencia, a escape libre, color hortera y normalmente fabricado en Italia, que sirve para pegar acelerones a las tantas de la noche en la Golden Mile, demostrando así que existe una relación inversa entre caballos de vapor y coeficiente mental.
Finalmente está la valkiria exuberante turista despertual. Esta es la que pone en pie a toda la urbanización cuando vuelve de Olivia Valère, vestida con la ropa que se le ha quedado pequeña a la Nancy y montada en los taconazos de aguja de Jimmy Choo; esos que hacen ese ruido tan característico al golpear sobre el mármol. Seguro que más de uno se pone de rodillas a los pies de la cama suplicando lo de "virgencita, virgencita que vaya borracha, sea ciega o que no sepa leer y se confunda de puerta", que hay mucho nativo lascivo.
En fin, tampoco he dicho que el turismo despertual no tuviera sus cosas buenas.
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