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Pa mí que era el momento del cambio

Milton

Martes, 01 de Agosto de 2017

Les digo una cosa, esto me pasa por no trabajar con políticos profesionales, que si en vez de seguir con el pacto de gobierno aquí en Marbella, me hubieran hecho caso, lo de esta ciudad iba a ser un antes y un después. Al menos un antes, eso seguro.

Porque lo que no tiene sentido es perpetuar lo que ya conocemos. Los gobiernos son como las valkirias exuberantes, aunque estés bien con una que ya conoces, siempre hay otra más exuberante.

De ahí que el ciudadano tenga que ser un intrépido aventurero electoral y tomar su decisión sobre la marcha; bien a tontas y a locas o, de tratarse de un votante más reflexivo, echándoselo a los chinos.

Porque la democracia de aquí te pillo, aquí te mato, es como el cupón de la ONCE de los viernes: no toca nunca, pero cuando toca, tela marinera. Aquí es igual, ya que siempre pringamos eligiendo a nuestros representantes, mejor jugárselo, que lo mismo un día nos toca cuponazo con paga extra.

Yo, de hecho, no habría prolongado el pacto de gobierno local. Habría convocado un referéndum, amañando los resultados para salir elegido, por supuesto. Entonces, siguiendo las indicaciones del manual “Ayúdales a votar”, escrito por Tejero y Nicolás Maduro, un clásico en su género por cierto, habría mandado detener a los opositores, a los que fueran más guapos que yo, que me levantan a las gachiles, y a los dueños de los bares que suban el precio de la caña.

Obviamente, el director de mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank, fusilado al amanecer, para fastidiarle bien y que tenga que madrugar hasta el último día.

Al día siguiente, soluciono el urbanismo recalificando incluso la tierra de las macetas, y nada del 3% como en Cataluña. Un 2% y, por cada cinco licencias, una gratis como oferta de lanzamiento; además hora feliz los sábados por la tarde. Porque hay que ayudar al empresariado, que para eso estamos los gobernantes.

Ahora bien, se acabó eso de los nenes con el cubito y la palita construyendo el castillito en la orilla, si quieres primera línea de playa, la pagas como todo el mundo. Algunos apuntan maneras de promotores corruptos desde la infancia.

Mi gobierno, sin embargo, estaría basado en los principios de que la generosidad empieza por uno mismo y que compartir (solo un 2%) es amar. Además, les ahorraría el engorroso trámite de tener que ir a votar.


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