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Un cajero portugués

Milton

Miércoles, 26 de Julio de 2017

Han cambiado el cajero automático en mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank y me han trastocado mi plan de vida.

Porque esto es como todo, te acostumbras a tu cajero de toda la vida, le coges cariño y, de un día para otro, le hacen un ERE o una jubilación anticipada y un montón de años de amistad a la basura.

Y ya saben cómo están los bancos, que solo contratan a gente joven porque sale más barata; pues nos han colocado un cajero automático de los modernos, con muchos botoncitos, mucho internet, redes sociales, que si blutú, fisbuk y tuiter, pero que no hay quien lo entienda.

De entrada ya no funciona con tu número secreto de toda la vida, ese que se sabe todo el barrio por si a ti se te olvida. Ahora hay que poner la huella ocular, así que varios clientes de la sucursal nos reunimos en un bar próximo y enviamos a uno en plan comando a ver si era capaz de sacar dinero.

Al rato volvió con el ojo hecho un Cristo admitiendo haber fracasado en su misión. Aseguró que por mucho que intentó teclear el número pin con el ojo solo había conseguido hacerse ese estropicio. No le dije nada, pero si se hubiera quitado las gafas se habría hecho menos daño.

Y fue entonces cuando comprendí qué estábamos haciendo mal: como Marbella es tan cosmopolita, las instrucciones estaban en portugués. Fui con determinación hasta el cajero, me bajé los pantalones y planté mi trasero sobre la máquina a dejar mi huella o cular, como dicen en Lisboa.

Muy cómodo no era la verdad, pero si la ciberseguridad va por estos derroteros, hay que hacer caso a los expertos y adaptarse.

Claro que no había caído en que el cajero llevaba todo el día al sol y la pantalla estaba como la parrilla de un restaurante argentino.

Lo peor no es que no lograra sacar dinero sino que tenga grabado en el trasero lo de "saldo insuficiente. Gracias por su visita".


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