Considero injustificadas y poco inteligentes las críticas al Gobierno por pretender limitar el desconfinamiento de los niños a ir al banco, al súper, a la farmacia y al estanco. Toda la vida quejándonos de que el niño no hace nada útil ni ayuda en casa y, cuando se les obliga por ley, va la gente y se le echa encima al bueno de Pedro Sánchez.
Era una gran medida de desconfinamiento que habría evitado a los adultos la incómoda labor de hacer la compra, ir al banco a la siempre desagradable tarea de pagar y, por supuesto, acercarse al estanco a por el tabaco.
Les digo una cosa, lo de tener a tu cargo menores a los que explotar ha sido históricamente signo de distinción, aunque es verdad que, culminado el proceso descolonizador el pasado siglo, casi se ha perdido el espíritu del medievo.
Bueno, estaba también lo de mandar al niño a la mili para que el Ejército hiciera el trabajo que no hacen los padres, pero ahora tampoco te dejan.
Lo sé por mi vecino, que se fue con su crío a Ronda para vendérselo a La Legión, pero el soldado que había en la garita de la entrada le dijo que ni de broma. Al final y después de mucho regatear, hasta estaba dispuesto a pagar para que el chaval se quedara en el cuartel, pero no lo logró.
Es que los padres se pierden las mejores, con lo molesto que es llevar las bolsas del supermercado, cuando a un niño lo convences enseguida de que ir cargado como una mula es un juego superguay y, encima, cuando llega a casa te da las gracias por haberle dejado darse un paseito.
Pues no, llegan los que van en plan progre y demócrata y protestan porque dicen que un supermercado o un banco no son sitios adecuados para que los niños comiencen el desconfinamiento, cuando es justo al contrario, cuanto antes empiecen a acostumbrarse a lo que va a ser su futuro como adultos, mejor que mejor.
Si hasta lo repiten casi todos los días desde el Gobierno: nos tenemos que acostumbrar a una nueva cotidianidad que no tiene nada que ver con la anterior. Pues eso, es el momento de convencer a los críos de que lo habitual es que carguen con las bolsas del súper, que tiren la basura, saquen al perro, hagan cola en el banco y paguen el tabaco.
Porque miren, lo que no pueden hacer es maleducar a sus hijos. Hay que darles responsabilidades para que aprendan que en este mundo no solo hay obligaciones, sino que también hay más obligaciones.
Luego nos pasamos el día reclamando un mundo más justo y para una vez que nos lo ponen en bandeja...
Aunque en esto de la salida de los niños, yo he echado de menos que no se les permita ir a Ikea para que aprendan a cargar con las cajas y a montar los muebles en casa.
Además, es muy educativo porque así aprenden a interpretar las instrucciones de montaje y a construir armarios con puertas que no cierran y sillas cojas con las que las futuras generaciones podrán saber quiénes éramos y cómo vivíamos.
Es como cuando descubrimos un yacimiento arqueológico. ¿Se han dado cuenta de que todas las vasijas y los cacharros están rotos y que siempre encontramos en el lugar útiles de trabajo utilizados por nuestros ancestros? Lo mismo que ahora, cuando terminas de montar el mueble y te sobra el puñao tuercas, tornillos y, por supuesto, la llave allen que venía en la bolsita.
Se creen estos de Ikea que han inventado algo.
A lo que iba, pues muy bueno para los niños, que así dan sus primeros pasitos en el mundo de la explotación laboral para que, cuando les ofrezcan su primer puesto de trabajo, se sientan como en casa.
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