A ver si he entendido esto del proceso de desescalada que explicó ayer el presidente del Gobierno. Entonces, los que ni tenemos niños, ni perro, ni paseamos, ni hacemos deporte, ni hacemos nada útil, ¿podemos irnos a los bares?
El bueno de Pedro Sánchez, mucho hablar, pero de contestar a las preguntas realmente importantes nada de nada.
Y les advierto que la idea esa de abrir la hostelería limitando su aforo al 30% es inconstitucional, porque si los demás tienen su motivo para desconfinarse, beber cervecillas debería estar contemplado en ese plan de desescalada; los cruzados de San Miguel y devotos de Cruzcampo deberíamos tener nuestro ratito de asueto en la barra. Eso es culpa de los podemitas en el Gobierno, que pretenden marginar a la gente de fe.
Incluso nos podrían subsumir como deportistas profesionales para realizar el entrenamiento individual de la “fase 1”. Mantener estos abdominales cerveceros en perfecto estado no se logra sin sacrificio.
Además, esa limitación de aforo obligará al 30% de parroquianos a beberse el 100% de las cerves para que el negocio no pierda dinero. No solo es pura matemática, también es solidaridad, que en momentos como estos todos tenemos que arrimar el hombro.
Lo que tampoco quedó claro es si los créditos ICO garantizados por el Estado son solo para las cervecillas o también te puedes pedir ración de gambas. Ni si el que invita a alguna ronda puede luego desgravársela o si, en sentido contrario, se le puede aplicar un ERTE al que no invita nunca.
Y mil dudas similares, porque a mí nadie me ha aclarado si en la "nueva normalidad" el camarero nos seguirá perdonando la vida cuando entremos en el bar, ni qué pasa con la hora feliz. ¿Eso dónde va, en la fase 2 o en la 3?
Un poco caótico todo esto.
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