Tema fundamental el que nos ocupa hoy del “Manual del Confinado”, es la “leson nain”, y están solo a una más de licenciarse. Sin embargo, esta siempre resulta una lección dura que, desgraciadamente, deben aprender, y es la que les enseña actuar si, a pesar de todo, resultan infectados por el coronavirus.
Evidentemente, lo primero que han de hacer si presentan síntomas es mantener la calma, respirar profundamente y realizar el ejercicio físico ya estudiado consistente en corretear por la casa de forma errática, semidesnudo y mesándose los cabellos, mientras grita “¡estoy perdido, estoy perdido!”.
Tras alcanzar la calma espiritual, puede hacerse uno de esos tes rápidos de los que tanto habla Sanidad. Aunque la verdad es que dudo mucho que una infusión pueda servir para algo en este caso. Porque los británicos se habrán ido de Europa, pero nos han dejado sus decadentes costumbres.
En mi caso, yo he vivido recientemente la experiencia. La semana pasada tuve el coronavirus, muchos en realidad. Percibí los primeros síntomas tras beberme unas cuantas latas de Cruzcampo. Comencé a sentir sueño y un poco de mareo, así que dejé la cerveza y me abrí un rioja tinto, porque a lo mejor era por los gases de la cervecilla.
Sin embargo, la cosa no mejoró y apenas me había bebido media botella, empecé a sentir un irrefrenable deseo de cantar clásicos folclóricos como “Asturias, patria querida”, “Banderita”, “Soldadito español” y algo de José Luis Perales. El habitual cuadro clínico de la infección por coronavirus.
A la mañana siguiente lo peor había pasado, aunque me quedaba el dolor de cabeza y la lengua estropajosa. No obstante, a pesar de la inquietud que provoca el saberse enfermo, un confinado de carrera y de colegio de pago, mantiene la calma y mira a la adversidad cara a cara, como hice yo.
Y, sobre todo, cuando se sientan perdidos y piensen que todo ha terminado, no llamen a todas sus amigas con voz jadeante para decirles las cosas guarrunas que siempre quiso y jamás se atrevió a sugerirles. Si luego van y se curan, se quedan a dos velas.
Lo digo por si se les ocurre, que a mí esas cosas no se me pasan por la cabeza.
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