Escuchando el otro día unas sevillanas mientras estaba en la barra de una biblioteca tomando unas cervecillas, comprendí la enorme relación que existe entre esta folclórica música andaluza y el monetarismo preconizado por mi antepasado Milton Friedman.
Lo vi con claridad cuando empezó a sonar lo de “el barco se hace pequeño cuando se aleja en el mar”. Ya tenía la hipótesis de trabajo, ahora solo debía demostrarlo.
No sin ciertos nervios por el descubrimiento que sabía que acababa de hacer, saqué un billete de 10 euros de mi cartera, lo coloqué frente a mis ojos, acercándomelo y alejándomelo de la cara. Era cierto lo que decía la canción, cuanto más lo alejaba, más pequeño se hacía.
Para confirmar mi descubrimiento, le dije a un mendigo que estaba pidiendo en la terraza apoyado en una muleta que sujetara el billete mientras yo lo observaba desde la barra.
Sé que el abuelo Milton y sus monetaristas tenían razón, los objetivos de la política monetaria se obtienen mejor a través del control de la oferta monetaria.
Pero ese día yo di un paso más al demostrar que el dinero pierde valor al alejarse en el tiempo y en el espacio, por eso los numeritos del "10" y la palabra “euros” se ven más pequeñitos cuanto más te lo alejas de los ojos, como el barco en el mar. La distancia aleja el billete y le hace perder valor monetario para ti que eres su propietario.
Tanto es así que, si lo alejas lo suficiente, el billete desaparece y suma un valor igual a cero en tu patrimonio. Lo sé porque en cuanto le di los 10 euros al mendigo soltó la muleta y echó a correr.
No solo puede que me den el Nobel de Economía sino que, además, hago milagros.
Ratio: 4.5 / 5
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