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De los que ni llaman ni escriben

Milton

Miércoles, 28 de Junio de 2017

Disgusto más grande me he llevado cuando he visto que le han dado un golpe al Miltonmóvil, y encima por detrás.

No sé si tiene que ver con esto de las celebraciones del orgullo gay, pero me han dejado la parte trasera del coche hecha unos zorros.

Y eso que lo tenía bien aparcado y hasta le había puesto el papelito de la zona azul, porque yo siempre llevo unos cuantos de esos tickets en la guantera para cumplir con la legalidad vigente.

Un conocido me explicó que lo suyo era pagar cada vez que aparcas, pero yo descubrí que era mejor no limpiar el parabrisas jamás y hacer apuestas sobre si el empleado de la ORA logrará adivinar la fecha del ticket.

Pero volviendo al Miltonmóvil, la cosa es más grave de lo que parece, porque el conductor que le diera el topetazo por la retaguardia estando aparcado, ni tan siquiera dejó una nota ni nada, que es lo menos que hace un caballero después de una experiencia gloriosa.

También es verdad que, tras el fugaz encuentro, podía haber calculado los daños y dejado el dinero cogido con el limpiaparabrisas, aunque admito que resulta un tanto incómodo. Ya saben, como lo de dejarlo sobre la mesita de noche antes de irte. Mi coche no es de esas.

Si les digo la verdad, para mí que era un desalmado de los que luego ni llaman ni escriben. De esos que van en plan “reina por una noche y madre para toda la vida”. Lo cierto es que, desde el fortuito encuentro, me da la impresión que el motor del Miltonmóvil no ruge como antes, ni tiene el empuje de siempre. Creo que pierde aceite.


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Por Fin
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