Como hombre cultivado en diferentes ciencias, artes y saberes, no soy supersticioso ni creo en supercherías. Esta condición es propia de sujetos primitivos que no suelen utilizar el raciocinio para explicar que el azar es solo matemáticas.
No obstante, admito que el gato negro de mi vecina empieza a inquietarme. No es que me preocupe que un felino de estas características se me cruce por delante, pero es que este lo hace todas las noches un par de veces cuando estoy en la terraza.
En ocasiones hasta se detiene unos segundo ante mí para hacerme cortes de mangas con las patas delanteras.
Luego están las chicas de AVEM (Asociación de Vengativas Exnovias de Milton), que aseguran que no formaron este colectivo para hacerme ningún mal, pero en su primera junta decidieron contratar un hombre magia de Haití para que impartiera una masterclass de vudú a las asociadas. Y, para hacer prácticas, hasta venden en su sede muñequitos de trapo que se parecen a mí, con un set de alfileres de diferentes colores para clavárselos en los cataplines.
La presidenta dice que es solo merchandasing pero sigo teniendo unos pinchazos horribles ahí mismo.
Y aunque ya les digo que yo no creo en esas cosas, todo esto ha coincidido con que en mi sucursal de Abarca y Devora Ltd. Bank han contratado a un apoderado de Transilvania que, con la capa negra y esos colmillos, me da mal rollo. Además se comenta que es un experto en chuparle la sangre a los clientes. Qué gran fichaje para un banco.
Solo en aquella ocasión en que me hicieron una inspección de Hacienda permití que mis dudas y y temores dominaran mi intelecto y traté de huir a las Islas Caimán montado en la escoba que había comprado en el Teletienda, ya saben el nuevo modelo Bruja Urbana 7.0 Hybrid, que viene ya con GPS y mepetrés.
Fracasé, me trincaron en el aeropuerto por un tecnicismo. Es que lo de los motores eléctricos todavía no está muy conseguido.
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