Aunque no figure en los calendarios, hoy es mi santo, San Milton, y quiero contarles algo sobre el primer Milton que alcanzó la santidad.
Alguna vez ya me he referido a la historia de este destacado santo que luchó ante los muros de Jerusalén durante la I Cruzada, organizada por un papa llamado Urbano II.
En fin, pues sir Milton -aún no era santo-, se plantó al pie de la ciudad fortaleza y dio la oportunidad a los allí atrincherados a rendirse. Desde lo alto de las almenas, los turcos le mandaron a tomar viento.
Como sir Milton era de colegio de pago, hizo lo que le dijeron y se vino a Marbella, porque es un buen sitio para irse a tomar viento, que cuando pega el levante aquí no hay quien pare.
Entonces, al llegar a la Golden Mile y encontrarse la mezquita del rey Fahd dijo, “¡tate, esto también lo han invadío!” y pasó por la espada a todos los turistas árabes que se encontró hasta expulsarlos a Puerto Banús; por eso hay tantos por allí.
Ya como sir Milton de la Golden Mile, quiso purificar la tierra que habían pisado los infieles y, en honor al papa Urbano II, patrocinador de la Cruzada, se puso a eso, a urbanizar.
Datan del siglo XI los primeros vestigios de construcciones promovidas por sir Milton en la Golden Mile, por supuesto todas sin licencia, superando la edificabilidad permitida y utilizando mano de obra ilegal.
Se cree que sir Milton fue el primer promotor sin escrúpulos de la zona porque le llevó un saco billetes al papa Urbano para conseguir que le bendijera los apartamentos que había construido en primera línea de playa, que era lo que hoy supone que te den la licencia de primera ocupación.
Las malas lenguas decían que fue también a base de untar a Urbano como consiguió la santidad. Sin embargo, eso es falso, fruto de las tradicionales envidias de la Golden Mile. Fue santificado por su generosidad tras regalar al papa un ático con vistas al mar.
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