Ofende que ayer se celebrara el Perrotón 2017 y que, sin embargo, el Ayuntamiento siga ignorando mi propuesta de celebrar el Miltontón.
Y eso que mi proyecto era mucho más integrador, intercultural, interactivo, internetoso e intermediático que lo de la carrerita de las valkirias exuberantes con sus perritos pequeños de lengua larga por el Paseo Marítimo .
En mi proyecto también salimos corriendo desde el mismo lugar, pero la novedad es que cada corredor llevaría sus propios perseguidores, que tienen derecho a ir dándole collejas, golpes en los piños y patadas en los cataplines durante el recorrido solidario.
Aquí de lo que se trata es de que cada corredor forme una peña con toda la gente que conoce que le odia por cualquier motivo, que incluya también a todos aquellos a los que debe dinero y a otros que, aunque no le conozcan de nada, quieran sumarse solo por el placer de maltratar a alguien.
Por supuesto, el corredor que huye no paga nada, sino que la inscripción la paga cada perseguidor por disfrutar de un domingo en el que podrá hacer lo que le encantaría hacer todos los días. Los fondos se destinarían a un fin altruista, incluyendo los gastos hospitalarios de los corredores.
Desde luego, yo siempre recomiendo poner como plato fuerte de tus perseguidores a las exnovias, expertas en dar golpes bajos, al director de tu banco y al subinspector de Hacienda de tu zona, que son los especialistas en collejas.
Aquellos que sean dados a la nostalgia y al romanticismo, pueden llevarse a algún profesor del cole de cuando eras niño que te aborreciera y revivir por unos momentos esos reglazos en el trasero de tu juventud, divino tesoro.
¡Ah!, y algo importante, los perseguidores deberán ir provistos de bolsitas para recoger las caquitas de sus corredores, porque, al igual que se hace en el Perrotón, la ordenanza municipal hay que respetarla.
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